Categoría: Filosofía

Por: AZAEL ALONZO MOGUEL / Fecha: noviembre 27, 2025

...Conquistas, Guerras de Religión, Matrimonios arreglados, Asesinatos, Leyes, Constituciones Políticas, y varios etcéteras motivados por ideas y fanatismos religiosos.

Este breve ensayo servirá al autor primero como continuación de las tres primeras entregas en las que reflexionamos sobre el fenómeno religioso. Segundo, como punto de despegue en la presentación de breves y sucintos análisis respecto de algunas creencias religiosas que han influenciado, y de alguna manera determinado, el rumbo de la historia tanto en Oriente como en Occidente. Mantenemos así mismo interés en examinar hasta qué punto y por qué las creencias de tipo religioso y sus antagónicos continúan moldeando sociedades actuales. Lo que nos obligará a considerar qué es el fanatismo religioso y político y enfrentar algunas ideas seculares que, desde la perspectiva de la ética, ofrecen planteamientos morales alternativos. Aceptando de antemano críticas a estas reflexiones que pueden ser por algunos juzgadas como simples y quizá agotadas, pero son solo a eso, primeras reflexiones de un recién graduado que podrían dejar más dudas que respuestas.

¿Es posible ubicar un momento en que se origina o hace su aparición la religión? Y aunque es esta una cuestión muy general, se requiere examinar si es posible encontrar algo así como un punto de partida para el análisis de tan importante inclinación del espíritu humano, que al parecer es parte de este desde prácticamente su origen como tal. Además de lo útil que puede resultar para en futuras entregas enfrentar el reto de su conceptualización, esto es, de qué es la religión, a efecto de adentrarnos en el análisis de su inmenso e innegable impacto histórico: Conquistas, Guerras de Religión, Matrimonios arreglados, Asesinatos, Leyes, Constituciones Políticas y varios etcéteras que fueron motivados por ideas y sentimientos religiosos, así como por el uso que de estos se ha hecho; y otra vez, cómo esto ha influenciado en el derrotero de la Historia.

Si deseamos ubicar el momento histórico en que lo religioso hace su aparición en el mundo, debemos necesariamente intentar primero definir o, por lo menos, delimitar un poco, por ahora, nuestra comprensión de qué es o qué no es la religión, enfrentando algunas propuestas. Si es la religión un engaño de los gobernantes para someter a la obediencia del orden social a sus súbditos, de acuerdo con el planteamiento del sofista Critias (primer ensayo), entonces tendrían religión o serían religiosos solo las civilizaciones que ya contaran con estructuras políticas y/o gubernamentales, con algún tipo de sistema de gobierno y con leyes e instituciones encargadas de enforzarlas. Si la religión es el opio de los pueblos, consuelo de los oprimidos, tendría que hacer su aparición solamente en sociedades con división de clases. Pero si la religión es algo propio del ser humano, encontraríamos entonces indicios de esta en civilizaciones tan antiguas como previas a la escritura misma, y en consecuencia en momentos en que los hombres no estaban aún organizados en sociedades con instituciones políticas ni en división de clases. De nuevo, el análisis de este tipo de teorías nos será útil para intentar su conceptualización.

Más allá de las diversas y un tanto especulativas opiniones, vale la pena mencionar en primera instancia y para animar al lector al análisis de las diversas hipótesis presentadas por estudiosos, la práctica del canibalismo, que sugiere para algunos creencias de tipo religioso, enfocados en la idea que pudo tenerse respecto a la adquisición de habilidades o poderes del difunto devorado; aunque siempre se puede creer que esas prácticas obedecían solo a necesidades alimentarias. Otra práctica que supone alguna idea de lo religioso es la forma de enterrar a los muertos, a veces con flores (se ha descubierto polen en los huesos más antiguos), así como restos de comida que sugieren rituales de enterramiento. En ambos casos aludimos a prácticas confirmadas por hallazgos en Atapuerca y lugares de estudio que ubican estas prácticas desde hace 800 mil años de antigüedad, por ahí en tiempo del “homo erectus”, mucho antes del paleolítico (González, 28-32).

Ya en tiempos más cercanos del Paleolítico, hace unos 73 mil años, las pinturas rupestres encontradas en lo que es hoy Sudáfrica sugieren también ideas de tipo religioso. Digna de estudio es la apreciación de Mircea Eliade, quien sugiere respecto a lo que denomina la fiesta del oso, un ritual para asegurar la presencia de carne para el siguiente periodo de caza.[1] Las pinturas rupestres de Altamira, España y Francia, que son más recientes (43 mil años, paleolítico superior), alcanzaron una calidad extraordinaria, y hasta hoy prácticamente todos los expertos ven en ellas elementos de tipo religioso y no solo arte, entre otras cosas por tratarse de un limitado número de objetos representados. Además de que son ubicadas en cavernas que no eran habitadas por humanos, en espacios muy adentro, lo que supone la idea de santuarios. De estas pinturas destaca, solo por mencionar una, la “del gran mago” de la cueva de Trois Freres, que parece representar la figura de un chamán revestido con adornos animales,[2] y a la que Eliade considera que podría tratarse de una divinidad encargada de la caza.

Si bien es cierto que no encontramos en el hombre prehistórico una concepción de la división entre el mundo de lo material y espiritual, ni se habían desarrollado aún ideas y creencias actuales y propias del fenómeno religioso, tales como la dualidad cuerpo-alma y su gran diversidad de variables, sí tenían en cambio una idea e inclinación limitadas respecto a un tipo de comprensión y división entre lo visible y lo invisible, como explica el profesor Antonio González respecto “al surgir de las cosas y de los actos” en su análisis de lo bello de las pinturas rupestres. Tampoco tenían aún idea y distinción de este mundo, el más acá, y el otro mundo, el más allá. Así como tampoco lo que el mismo profesor González identifica como el “sistema retributivo”; diríase en el judaísmo y cristianismo que Dios pagará a cada uno de acuerdo con sus obras; en consecuencia, tampoco se había desarrollado la idea de la salvación y condenación de las almas. Pero aquellos rituales de canibalismo y enterramientos sí manifiestan una inclinación hacia la creencia de la intervención de poderes míticos e invisibles en el mundo de lo visible, que culminó en una primera etapa con la presencia de chamanes, sacerdotes, magia, el animismo y el totemismo. Sin embargo, resaltando la apreciación del profesor Juan Martín Velasco, creemos con él que “el conocimiento de las poblaciones tenidas por más arcaicas y el descubrimiento de los restos de la prehistoria llevó a la conclusión de que desde que el hombre da muestras de ser hombre existen indicios de que ha sido religioso, y comenzó a sospecharse que la religión forma parte del ser humano, puesto que, desde que hay Homo sapiens en sentido pleno, ha habido Homo religiosus”[3].

Para lo que sí nos sirve este pequeño recorrido es para identificar actitudes del hombre posiblemente motivadas por ciertas creencias y/o expectativas de tipo religioso (canibalismo, enterramientos, magia); y, por supuesto, para identificar la presencia del fenómeno religioso en el hombre mucho antes de su organización social y aún más de instituciones o sistemas de gobierno organizados. Ahora bien, es necesario reconocer que los paleontólogos atribuyen una función social a la religión como fundamento y sustento de una moral de grupo, pero en nuestra opinión esto no determina que el origen de la religión sea necesariamente en sociedades ya establecidas, sino más bien que fueron las personas en situación de poder quienes empezaron a hacer uso y manipulación de las ideas y creencias religiosas de los hombres a efecto de promover la cohesión social. Aceptando en el grupo solo a aquellas familias, clanes o individuos dispuestos a someterse al orden moral que es producto de las creencias del grupo con respecto a la divinidad.

A efecto de intentar precisar y abundar en próximas entregas sobre la idea de religión, nos será necesario también buscar los elementos comunes en la multiplicidad de creencias religiosas en el andar del tiempo. Hoy, por lo general, se asocia a la religión o a lo religioso con un sistema de creencias, pero encontramos que, por ejemplo, en el siglo I, los griegos hacían referencia a ideas o conceptos como “la devoción, la piedad o el culto”, relacionados todos con el servicio a los dioses. El latín “religio” hacía referencia al culto a los dioses, pero no propiamente a las creencias. Es, en primera instancia, esa aspiración de “religación del hombre con la divinidad” lo que parece ser parte del origen de lo que hoy identificamos como ideas, creencias y prácticas de tipo religioso, por ser un primer elemento común a prácticamente todas las creencias de tipo religioso.

De nuevo y para finalizar con estas primeras reflexiones, pretendemos primero remarcar nuestra idea de que el origen de la religión está impregnado en lo profundo del espíritu humano; segundo, en próximas entregas hacer un breve recorrido y análisis de las diferentes creencias religiosas, para tercero, examinar el impacto de estas en la Historia Universal. Y finalmente, procurar distinguir e identificar, para justificar y separar a la “buena religión”, del uso y manipulación que, desde los primeros imperios hasta los gobiernos y líderes religiosos actuales, han hecho de la inclinación del hombre hacia la trascendencia, esto es, como la han utilizado para alcanzar innumerables y egoístas intereses.

Bibliografía.

González Antonio. 2020. Buscar a tientas, una reflexión sobre las religiones. Barcelona: Ediciones Biblioteca Menno.

Velasco, Juan Martín.  2006. Introducción a la fenomenología de la religión. Madrid, Séptima Edición, corregida y ampliada. Trotta.

[1] Cf. M. Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas, Vol. 1, P. 35-39.

[2] González Antonio. 2020. Buscar a tientas, una reflexión sobre las religiones. Barcelona: Ediciones Biblioteca Menno.

[3] Juan Martín Velasco, Introducción a la fenomenología de la religión. (Madrid, Séptima Edición, corregida y ampliada. Trotta, 2006) 11.