Categoría: Filosofía

Por: AZAEL ALONZO MOGUEL / Fecha: enero 26, 2026

La idea del Dios del pacto y de las promesas al arameo Abram es un elemento importante a efecto de comprender que Israel piensa que Dios actúa en la historia y lleva las cosas hacia un fin.

Antecedente de las religiones modernas, parte III.

Los hebreos y su expectativa histórica.

A cuestionamientos expresados a quien escribe, iniciamos este escrito justificando la temática aquí abordada: En Occidente, y especialmente en América Latina, creyentes y no, no podemos librarnos de la influencia del cristianismo en nuestra vida cotidiana. Nuestros periodos vacacionales, el día general de descanso semanal, nuestros nombres “de pila”, los nombres de nuestras calles, colonias, escuelas, ciudades, estados y municipios; así como las mayores celebraciones anuales, Navidad y Semana Santa, por mencionar las más conocidas, son manifestación de la gran influencia del cristianismo en nuestra vida cotidiana.

A pesar de ser esta religiosidad parte de nuestra cultura e historia, la mayoría de los hispanohablantes tenemos muy vagas ideas respecto al origen de tan importante, expandido e influyente cuerpo de creencias, de su origen y evolución. Los más devotos “cristianos practicantes”, hoy católicos o protestantes, suponen tener un conocimiento más preciso del origen y el porqué de sus creencias, pero en realidad tienen muy poco, y en muchos casos un casi nulo conocimiento, del contexto histórico en que se originó el cristianismo. Suponen aquellos que por medio conocer el Nuevo Testamento y en especial los evangelios y cierta terminología, conocen su religión; pero si se les pidiera una somera explicación con respecto a las diversas sectas existentes dentro del judaísmo en que nació, creció y predicó Jesús en el siglo primero de nuestra era en las regiones de Galilea y de Judea, se pondría de manifiesto lo que aquí estamos resaltando: no sabemos lo suficiente respecto al origen, evolución, y el porqué de lo que creemos, afirmamos y defendemos.

A efecto de animar al lector a investigar y conocer un poco más de lo aquí anotado, asomémonos a examinar primero algunas creencias en el judaísmo, para después dar un somero recorrido histórico del pueblo hebreo hasta poco antes de la llegada del “Ungido esperado”, y en una tercera entrega a partir de esta, ubicarnos en el contexto social, político y religioso de Israel en el momento en que “El Mesías” hace su aparición en el mundo.

Habíamos estado considerando la creencia de Israel en un Dios único y universal, creador y sustentador de todas las cosas. La idea del Dios del pacto y de las promesas por este hechas al arameo Abram es también un elemento importante a efecto de comprender que Israel piensa que Dios actúa en la historia y lleva las cosas hacia un fin dentro de la historia. Ese Señor que reina, y que se supone reinará para siempre sobre ellos, y sobre todas las naciones que en su momento vendrán a cobijarse bajo ese reino, por momentos parece ausentarse cuando, sometidos y hasta llevados cautivos por imperios paganos, parece disolverse la nación misma. Estas vicisitudes tan recurrentes en su historia no los llevó al desarrollo de una idea digamos del tipo medieval y a veces moderno, respecto a una esperanza en el más allá que será la recompensa a los sufrimientos de la vida presente, sino que encontramos en ellos la expectativa de que su Dios, que actúa en la historia, se manifestará en la historia; recordemos que su origen empieza con una narración histórica (ver Antecedentes de las religiones modernas parte I, publicado en El Humanista por este mismo autor, diciembre de 2025). Su Dios entonces se manifestará, los liberará de sus opresores y los reunirá de los confines de la tierra, todo dentro de la historia.

Es por eso por lo que la idea más religiosa de tipo moderno, digamos, que se desarrolló en Israel no tenía que ver con la inmortalidad del alma, sino con la resurrección de los muertos, como lo anticiparon los profetas Ezequiel y Daniel durante el exilio babilónico. Ezequiel, mediante la parábola del valle de los huesos secos, prefigura la idea de unos huesos que reciben sus tendones, carne y espíritu, y afirma: Así ha dicho Yahvé el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel (Ezequiel 37:12)[1]. Una interpretación literal del texto indica que cuando sea restaurado el reino a Israel (Hechos 1:6), Dios hará volver a todos a su tierra, aun a los muertos. Fue el profeta Daniel quien “abrió la posibilidad” de una resurrección para vida eterna o para confusión perpetua (Daniel 12), sobre lo que tendremos que regresar en un futuro.

Por ahora terminamos remarcando la idea de un Dios que actúa en la historia, y en la historia, en otras palabras, en esta vida y no en otra, se manifestará a su pueblo, como reflexiona el profesor González (282), a quien, parafraseando, diríamos que Israel entiende su origen en una narrativa histórica y es en esta historia presente que Dios mostrará su fidelidad al pacto. Ese Dios que los libró de la esclavitud de Egipto para convertirse en su rey, cuidará a su pueblo a lo largo de la historia, cuyo fin será su restauración; más adelante veremos lo que esto significa para Israel. Esto diferencia a Israel del resto de antiguas civilizaciones y sus mitos. Los mitos tienen un carácter intemporal, pues pretenden dotar de permanencia a aquellas realidades que quieren legitimar (González 282). Pero en los textos hebreos no encontramos mitos intemporales, sino una interpretación de la historia de Israel. Esta interpretación y su aplicación actual continúa generando debate de tipo teológico, pues en esos sucesos del Antiguo Testamento, y en las profecías también de aquella época, una variedad de denominaciones cristianas pretende validar sus creencias y expectativas respecto de esta vida terrena y de la vida futura.

Bibliografía.

  • González Antonio. 2020. Buscar a tientas una reflexión sobre las religiones. Barcelona: Ediciones Biblioteca Menno.
  • Biblia Versión Reina-Valera, 1960.

[1] Todos los textos de la Biblia Versión Reina Valera 1960.