En su renombrado libro ¿Por qué no existe el mundo? Markus Gabriel nos propone un escenario argumentativo donde se vislumbra la imposibilidad de la existencia del mundo. En primera instancia, dicha premisa nos parece racionalmente inviable, pero el autor la aclara con suma destreza. Antes que nada, los argumentos de la no existencia del mundo, se refieren a la idea de mundo como escenario totalizante, es decir, la idea general de mundo, como escenario de todo lo real de los vivientes. Markus dice que es imposible que exista tal escenario porque es una exageración de la totalización, existen los mundos personales, esto es, el horizonte vivencial y de significado personal, y que desde luego, se comunican con otras personas o grupos. Pero la abstracción “mundo”, mundo en general, no existe, no es concebible una totalización que abarque todas las individualidades, y sus mundos dentro de un mundo general.
La postura de Markus Gabriel es una profunda reflexión así mismo, de las ideas abstractas y totalizantes que conviven en nuestro entorno semiótico, tales como: patria, nación, el diablo y Dios, por citar algunos ejemplos. Dichas abstracciones existen, pero partiendo del individuo, como centro creador de realidad y significado, no realidades que lo sobrepasan y que existen por sí mismas. Es en ese sentido, cuando el argumento de Markus cobra relevancia, ya que, al no cederles el control, que se le da ontológicamente al ser entidades que nos sobrepasan, se les concede totalidad y absoluto. El problema con eso es que esas entidades aplastan al individuo. Al darles la justa medida, como lo hace el autor, la persona se empodera y enriquece, dueña ahora, de su propio destino y ser.
Ahora bien, no parece más bien un disparate eso de decir que algo tan evidente a nuestros sentidos y razón, no existe. No será más bien que, extendiendo las mismas herramientas argumentativas que Markus, podemos afirmar, siguiendo sus mismos supuestos de imposibilidad de las abstracciones totalizantes, el mismo Markus Gabriel no existe. Veamos, se encuentra fuera de mi esfera racional, no conozco, más que su libro sobre la inexistencia del mundo, y algunas fotos de él que deambulan por internet. ¿Es eso suficiente para afirmar que Markus Gabriel existe? Desde mi racionalidad personal puedo justificar sus argumentos, porque los leí, y sus imágenes, que quizá correspondan a un ente real, que en teoría tendría que estar viviendo una vida de mamífero superior en algún rincón de Alemania. ¿Pero puede afirmar que existe? La respuesta sería: difícilmente. Al requerir mi racionalidad un esfuerzo supremo para imaginar la existencia de ese ente llamado Markus Gabriel, y no encontrar evidencia empírica que lo respalde, como puede ser la mesa o el vaso que rodea, o mis propias rodillas, que existen positivamente.
Más fácil sería afirmar que el mundo sí existe, con su contexto tradicional, totalizante y omniabarcante. Más fácil sería rescatar de las brumas de la inexistencia al buen mundo que tanto ha hecho por nosotros, que al oscuro filósofo alemán, que elucubra argumentos para aniquilar nuestra pacífica existencia.
Por último, ya para cerrar, no dejen de leer a Markus Gabriel, un genio teutón de la filosofía, tenemos la fortuna que de camina entre los vivos, junto a nosotros, léanlo antes de que termine con nuestra existencia.
