Categoría: Filosofía

Por: ALEJANDRO VILLANUEVA / Fecha: mayo 14, 2026

Divagación filosófica en torno a la crisis de la religión.

La filosofía de la religión aprehende el fenómeno religioso desde el giro antropológico, el cual surge y se instaura plenamente ya entrado el siglo XV con el Renacimiento. Hasta antes de este acontecimiento de inflexión, de cambio de paradigma que fue el renacimiento, el trabajo de reflexión religiosa se enfocaba en dos grandes campos teológicos, el de la teología revelada y el de la teología natural; el primero de ellos basado en las sagradas Escrituras, y en la tradición eclesial apegada a ellas, mientras que la segunda, sin despegarse un ápice del Dios creador cristiano, en la razón como herramienta eficaz para entender y de alguna manera alcanzar la divinidad. De las teorías de la teología natural nacerá lo que conocemos como filosofía de la religión, sin tener una fecha exacta de surgimiento ni un autor exclusivo y creador de la misma: lo más cercano que tenemos es Kant, que abordó el tema del fenómeno religioso desde la perspectiva antropológica y filosófica.

Queda bastante abierto el tópico de la religión como cuerpo antropológico inserto en la sociedad: sus aportaciones, sus frenos, sus lastres, sus riquezas materiales y morales; y un sinfín de variantes e interpretaciones. ¿Es la religión una cuestión de actualidad? Lo es sin duda, partiendo de que es un fenómeno antropológico que atraviesa todos los estadios de evolución social y humana, es decir, desde el neolítico —con sus funerales rudimentarios— hasta la sociedad interconectada por internet. Como podemos ver en el texto facilitado, parafraseándolo, lo que sucedió en el encuentro, o choque, depende de la perspectiva, entre el paradigma cristiano y el paradigma de la modernidad, fue un parteaguas, un antes y un después. El paradigma cristiano, entendido como el todo cultural que emanaba de la Iglesia católica, que convertía a Dios en el centro del mundo, esto es, de la sociedad civil, el Estado, el mercado, absolutamente todo, y al hombre como su conexión principal con este mundo y el trasmundo, era, por consecuencia e indirectamente, el hombre, el centro del cosmos, y el centro del hombre era Cristo. Ahora bien, en contrapartida, las propuestas rotundas de la modernidad, surgidas del Renacimiento-descentralización del hombre de lo únicamente divino, también era carne—, de las aportaciones de Descartes— el hombre es el ser que duda y razona—, de los descubrimientos astronómicos de Copérnico y Galileo – descentralización del hombre en el cosmos—, los viajes de Colón —descentralización del hombre de su hábitat—, que finalmente consolidaron los fundamentos de las ciencias modernas y de la consciencia del hombre para autogobernarse, es decir la sociedad puede ser modificada y mejorada mediante la praxis. Todos estos elementos ponían en jaque al paradigma cristiano y de alguna manera provocaron en el hombre una exaltación de lo humano y lo racional; ejemplo clarificador, la Ilustración y la revolución originada en Francia. Sin embargo, hay que ver que el cristianismo también supo adaptarse a los nuevos tiempos, no sin dificultad, al cambiar su interpretación teológica de la experiencia religiosa y no cambiar la experiencia religiosa por sí misma; es aquí donde el cristianismo encuentra su vigencia y actualidad.

Sin duda, la gran importancia de aproximarse a la religión desde la filosofía es la de atemperar la pasión por el absoluto que tiene toda verdad revelada. Toda religión es una entidad que se siente segura de sí misma, plena en su veracidad; la filosofía incorpora criticidad que modera y compensa esta tendencia, que puede llegar a posturas fundamentalistas. Parafraseando a Unamuno, la religión y la filosofía son rivales y complementos, es decir, enemigas que se necesitan la una a la otra para crecer y dialogar, y quedarían vacías la una sin la otra.

¿Está la religión en crisis? El deicidio semántico y quizá ontológico realizado por Nietzsche sin duda fue el precursor y acelerador de la crisis interna del cristianismo; sin embargo, el fenómeno religioso como tal, en su amplia generalidad como rasgo enteramente humano y universal, permanece intacto. Creo que la crisis ocurre solo en el cristianismo occidental, un caso particular de interpretación de la divinidad. ¿Por qué? La ciencia moderna y la toma de conciencia del hombre como ser autónomo, lo que decía Feuerbach de atribuirle a Dios todas las cualidades que en realidad eran humanas; necesitábamos un intermediario de la virtud. La toma de conciencia se refiere a esto precisamente: el hombre es capaz de construirse a sí mismo y sus sociedades. Cabe destacar también que, tras el trasfondo de la libertad humana, aparece siempre la angustia, la cual casi siempre nos arroja a una exterioridad, un más allá, que termina siendo un asidero ontológico, y más aún teológico. En la tensión de esta dialéctica aún persistirá el fenómeno religioso durante mucho tiempo, quizá para siempre, tengamos o no tengamos redención.