Sobre el psicoanálisis freudiano se ha hablado y escrito mucho en los siglos XIX, XX y en la actualidad. Parecen ser las estructuras freudianas infranqueables. El yo, el ello y el superyó, las estructuras fundacionales de la individualidad y punto de partida para diversas teorías; algunos superan este psicoanálisis, pero lo hacen integrándolo, es decir, sigue siendo el punto de partida, como es el caso de Lacan y la Escuela de Frankfurt, entre otros. La cuestión fundamental es: ¿qué tan válidas son esas estructuras? ¿No será el ello el opio de los psicoanalistas?
Para los psicoanalistas freudianos, el inconsciente es una especie de opio teórico, a semejanza de lo que para Marx era la religión, el opio del pueblo. Evasión de la realidad y una salida fácil para todos los problemas. Todas sus tesis y directrices de investigación giran en torno a esa supuesta verdad descubierta, aparentemente, por Freud. Salirse del marco epistemológico implica desaprobación de la académica, y quizá, menos venta de libros y artículos, además de la concomitante reducción de consultas.
El inconsciente es a su vez muletilla teórica y discursiva, además de ser una zona en la que recaen todos los problemas sin resolver, los misterios de la personalidad, muy parecido a como antaño se le atribuían a Dios los misterios no resueltos de la naturaleza por parte de la ciencia fáctica.
Jean-Paul Sartre, en un corpus teórico, añade esta crítica, además de crear una alternativa a los misterios insondables del inconsciente, creando el psicoanálisis existencial, que parte del sujeto como ente total, ontológicamente sin divisiones, haciéndolo responsable de todo su actuar y, por tanto, de su libertad, sin invocar entidades nebulosas y misteriosas como el inconsciente. El sujeto es responsable de sí mismo; no hay más misterio que el de la libertad.
A lo que el psicoanálisis freudiano le llama inconsciente, Sartre lo clasifica como “mala fe”. La mala fe es un autoengaño que la persona se hace a raíz de algún acontecimiento traumático o conductas o patrones adquiridos; es una especie de ceguera existencial y un autoengaño infringido. La terapia psicoanalítica existencial de Sartre consiste en hacer evidente el autoengaño, para que, partiendo de la consciencia, se pueda disolver la mala fe y con esto, de alguna manera, construir un relato de curación para el paciente.
Sartre es consciente de que las soluciones mágicas no existen, y de que la libertad es un fardo del cual ningún ser humano se puede librar, y más aún, es necesario llevarla con responsabilidad. Cada individuo es responsable de su propia libertad, y por ser Sartre existencialista, lleva la premisa de ser el arquitecto de tu propio destino hasta sus últimas consecuencias. El existencialismo parte de que la existencia antecede a la esencia, y no al revés, como la tradición enseña. De alguna manera, Freud concebía al inconsciente como un cúmulo de esencias, casi divinas o, en su caso, malditas, que configuraban al sujeto y lo determinaban, o por lo menos lo modelaban. El camino teórico de Sartre es a través del existencialismo, de la construcción de la personalidad, desde la responsabilidad y la libertad, la consciencia y la razón, como faro vivencial: una verdadera panacea psicológica, en medio de las tinieblas de nuestro siglo.
