Introducción
Durante el siglo XX vivimos un fenómeno sumamente interesante que sigue afectando hasta el día de hoy, donde se pusieron de manifiesto las promesas y las sombras de la modernidad. Vimos, por un lado, los avances técnicos sin precedentes que ayudaron al bienestar material, pero, por otro, guerras mundiales y la exaltación de los valores de la libertad y autonomía. El autor llamado Romano Guardini (1885–1968), sacerdote y pensador católico, en su obra Das Ende der Neuzeit (El ocaso de la Edad Moderna, 1950), analizó de manera perfecta cómo la técnica y la secularización dieron como resultado una crisis de sentido en la cultura occidental. En el presente artículo se analizarán tres puntos principales:
· el diagnóstico guardiniano sobre la técnica y la pérdida de interioridad,
· la crítica a la autosuficiencia moderna y a su deshumanización,
· La propuesta católica de recuperar la trascendencia como horizonte de la existencia.
La técnica y la pérdida de interioridad
Romano Guardini observó de manera magistral que el desarrollo técnico del siglo XX transformó la vida humana en todas las dimensiones donde se encontraba manifestada: el trabajo, la comunicación, la guerra y el ocio. Aunque en primera instancia se pensaba que iba a liberar al hombre, al contrario, este poder técnico lo encontraba subyugado. La técnica se volvió ese eje central y desplazó de manera directa a la interioridad, reduciendo por consecuencia la vida a la eficacia protestante, al cálculo y al control.
El hombre moderno se encontró fascinado por la capacidad que desarrolló para transformar el mundo dado (desde una lógica protestante) y, al verse maravillado, se perdió a sí mismo. Se pensaba que la técnica servía al hombre, pero, al contrario, amenazaba con convertirlo en un objeto sumamente manipulable, puesto que lo libraba de toda característica dependiente divina. Guardini advirtió que, sin referencia a valores trascendentes, la técnica deja de ser instrumento y se convierte en poder autónomo que deshumaniza.
La autosuficiencia moderna y la deshumanización
Por lo tanto, el problema no solo se manifiesta en lo técnico, sino también en lo cultural. Esto se ve en la modernidad: se desarrolló una especie de confianza ilimitada en la razón humana y además en la capacidad de que se desarrollara sin la necesidad de Dios, sino al contrario, buscando surcar los límites del cuerpo para desarrollarse de manera abrupta, sin un orden preestablecido. Este optimismo, heredero directo del racionalismo y del iluminismo, llevó a una crisis espiritual: al negar la trascendencia, el hombre se reduce a engranaje de sistemas políticos, económicos o ideológicos.
Romano Guardini vio manifestado en los valores exacerbados capitalistas y en los movimientos totalitarios, hijos del protestantismo, como lo son el nazismo y el comunismo, la consecuencia extrema de esta autosuficiencia. Al llegar a concebir la técnica y el poder humano como una especie de misma manifestación, la persona se convierte en un medio, pero no en un fin. De esta forma, el humanismo secular acaba en antihumanismo: un mundo dominado por fuerzas impersonales que niegan la dignidad del individuo.
La propuesta católica: recuperar la trascendencia
Algo adecuado de Romano Guardini, a mi parecer, es que no rechaza de manera tajante a la técnica, pero insiste constantemente en que debe reinterpretarse desde una óptica iluminada por la fe. La clave para el autor radica en que el hombre es criatura y no absoluto. Esto se ve en que su grandeza se encuentra depositada en la persona llamada a la comunión con Dios y no en la autosuficiencia intelectual y técnica.
Romano Guardini retoma la tradición cristiana desde San Agustín de Hipona hasta Santo Tomás de Aquino: la verdadera libertad no solo se alcanza con el dominio del mundo protestante, sino con la apertura al misterio. Solo esa trascendencia nos ayuda a encontrar un horizonte donde la técnica y la razón se ubiquen en su justa medida y al servicio de la dignidad humana.
Por lo tanto, la postura católica no niega el proceso técnico, sino que lo ubica por debajo del primado de lo espiritual. Guardini invita a recuperar una cultura que reconozca el valor de la contemplación, el silencio y la verdad, frente a la idolatría de la eficacia.
Conclusión
Como conclusión, puedo decir que Romano Guardini mostró que el problema no solo radica en la técnica, sino más bien en los postulados epistemológicos que tristemente vieron su desarrollo en ella. Estos postulados fueron el de la absolutización y la vinculación de la trascendencia.
Referencias:
Agustín de Hipona. (2005). Confesiones (M. García, Trad.). Biblioteca de Autores Cristianos. (Trabajo original publicado ca. 397–401).
Aquino, T. de. (2012). Suma teológica (J. Martínez, Trad.). Biblioteca de Autores Cristianos. (Trabajo original publicado 1265–1274).
Guardini, R. (1950/2002). El ocaso de la Edad Moderna (L. Sánchez, Trad.). Ediciones Cristiandad. (Trabajo original publicado en 1950).
Guardini, R. (1951/1996). El poder: Ensayo sobre un tema actual (J. M. Fernández, Trad.). Ediciones Cristiandad. (Trabajo original publicado en 1951).
