Categoría: Filosofía

Por: ALAN EDUARDO GARCIA AGUNDIS / Fecha: febrero 23, 2026

Illich critica la medicina moderna por convertir el sufrimiento en dependencia. Propone recuperar su sentido espiritual y ver la salud como comunión con Dios, no solo ausencia de dolor.

Introducción.

En el presente artículo se analizará uno de los conceptos más somáticos hablando en términos psicoanalíticos, puesto que, al ser uno de los logros más grandes de la modernidad, generó una especie de institución total, ya que articula una de las formas más maquiavélicas de la modernidad, puesto que, en lugar de liberar de manera adecuada al hombre del sufrimiento, se formó y desarrolló como una herramienta para generar dependencia y alienación. Esto se genera a través de la mediación, la mercantilización de su tiempo y le arrebata una visión espiritual. Los temas que se analizarán son tres: el primero es la crítica que maneja el autor Iván Illich, quien fue un sacerdote católico y crítico social; el segundo punto es el del sufrimiento como una nueva realidad espiritual; y, por último, la alternativa católica frente a la idolatría médica moderna.

1. La medicalización como alienación

Illich desarrolló la idea muy adecuada como crítica de que la medicina se desarrolló como un arte orientado a la curación, pero se transformó de manera poco adecuada en un sistema de control social. La articulación que genera ese sistema es la de la medicalización, que no solo abarca las enfermedades de tipo somático o mal llamadas reales, sino también experiencias humanas normales y necesarias para su desarrollo histórico, como lo son el nacimiento, la vejez o la muerte. Ahora la vida se significa en varios términos, pero siempre orientados a un modo médico, de modo que el hombre moderno se vuelve dependiente de que se le guíe para poder comprender su propia existencia.

Este autor bautiza ese proceso como la iatrogenia social; esto radica en que principalmente es una enfermedad somatizada por y para el propio sistema de salud. Esto no quiere decir que solo se enfoque en los daños causados de manera física por intervenciones, sino también en los desarrollados por una dependencia de tipo psicológico y cultural. A partir de este término, la salud no se ve como una responsabilidad personal y comunitaria, sino como una especie de producto ofrecido por instituciones de este corte.

2. El sufrimiento como dimensión espiritual

El siguiente punto a analizar es la minimización de la medicina moderna. Illich insiste de manera imperial en que el sufrimiento no solo es un simple o burdo fallo de tipo biológico o psicológico, sino más bien una experiencia que constituye la existencia humana. Lo que genera la medicalización es que la cultura secular quita ese derecho de goce en un sentido espiritual y lo convierte en una manera de sesgarlo; por lo tanto, se debe eliminar a toda costa de la historia médica del paciente.

Una óptica que se contrapone a la modernidad es la tradición católica, puesto que, desde los principales autores de la religión católica como San Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino, el dolor para estos autores no es, como lo ve la sociedad moderna, una especie de encarnación de lo que está mal en una sociedad, sino una forma de redención y solidaridad con el prójimo. Otro autor de tipo lírico es San Juan de la Cruz, quien en su obra Noche oscura del alma demuestra que el sufrimiento puede llegar a ser un encuentro con Dios, y el mismo Cristo en la cruz reveló que el dolor humano puede tener un sentido trascendente.

Lo que quiero dejar a entender es que estos autores de tipo católico no idealizaban el dolor, y mucho menos Iván Illich; lo que hacen es generar una advertencia en la cual, si se llega a negar la dimensión de tipo espiritual, puede generarse una especie de ignorancia sobre lo fundamental de la vida. Por eso mismo se da el resultado de que, en la medicina moderna, el hombre se reduce a un cliente que es gestionado y, además, se vuelve incapaz de asumir su fragilidad como parte de su vocación humana.

3. La alternativa católica: recuperar el sentido del límite

Por lo tanto, Iván Illich no rechaza los avances médicos, sino que ayuda a generar una crítica necesaria, puesto que ya se tenía algo implantado: que no se sufriera ningún tipo de dolor. La medicina es sumamente útil para poder reconocer sus límites, pero tristemente se convierte en idolatría cuando suplanta la idea de Dios y elimina, por lo tanto, la fragilidad del paciente y del médico. El autor remarca, como también lo hicieron autores como Romano Guardini y Henri de Lubac, la denuncia de la modernidad cuando esta absolutiza lo instrumental y olvida lo trascendente.

La visión católica remarca que la salud no solo consiste en eliminar el sufrimiento o el dolor, sino más bien en vivirlo en clave de comunión y esperanza. Por lo tanto, un tema fundamental para el catolicismo es la pastoral del paciente: la unción y la confesión muestran cuán importante es el cuidado espiritual junto con el cuidado físico. En consecuencia, es sumamente importante remarcar que el catolicismo nunca niega la medicina, sino más bien la limita en el sentido de que la plenitud humana no se alcanza en la mera prolongación de la vida, sino en la apertura a la eternidad.

Conclusión

Como conclusión, podemos decir que el autor es sumamente importante para generar un desenmascaramiento de la medicina moderna, puesto que esta prometía la emancipación del dolor y el alargamiento de la vida, pero lo dicotómico fue que, aunque se cumplió, se quitó la significación de la realidad y de la vida humana, volviendo al hombre dependiente.