Categoría: Cultural

Por: TANIA GARCIA RIVERA / Fecha: enero 15, 2026

En nuestro Café Filosófico reflexionamos sobre la autenticidad en la era digital: entre la imagen online y la vida real, exploramos causas, consecuencias y alternativas para vivir con integridad.

Esta narración resume los puntos más relevantes abordados en nuestro Café Filosófico “La autenticidad en la era moderna: entre la imagen online y la realidad personal”.

Comenzamos observando que a menudo existe una discrepancia entre la imagen que se muestra en las redes sociales y la vida real de las personas. Según Byung-Chul Han, hoy solemos dar mayor importancia al “orden digital” que a la vida real. Nos importa demasiado la imagen que ahí proyectamos; por alguna razón, nos resulta demasiado significativo.

Entonces nos preguntamos: ¿qué buscamos al mostrar una versión alterada de nosotros mismos? ¿Qué pretenden las personas al presentarse como más bellas, más ricas, más inteligentes o más exitosas en sus perfiles digitales?

Las respuestas fueron diversas. Algunos señalaron que intentamos obtener en la realidad el estatus social que fingimos en el espacio virtual; otros mencionaron la búsqueda de prestigio, ese que confiere un cierto aire de superioridad y es capaz de abrirnos puertas. También se habló de motivaciones económicas, pues algunas veces lo que se pretende es vender algo.

Sin embargo, no todos los intereses están relacionados con el poder y lo material, pues muchas veces lo que buscamos, ya sea consciente o inconscientemente, es obtener validación o afecto. Este deseo humano de reconocimiento no sería negativo en sí mismo, si no fuera porque lo buscamos a través de una imagen idealizada de lo que realmente somos.

En cuanto a las causas, se habló también de la retribución fisiológica, pues nuestro cuerpo se siente estimulado cuando recibe atención en las plataformas digitales y eso puede llevarnos a un círculo de ansiedad y búsqueda de placer inmediato.

Después de haber pensado en las causas, hablamos sobre las consecuencias que todo esto nos genera. Una de las más señaladas fue la dificultad de definir y aceptar una identidad única, pues si exhibimos variadas personificaciones, terminamos por no saber quiénes somos en realidad. Y lo que no se conoce, difícilmente se puede amar.

Al notar que las consecuencias parecían ciertamente nocivas, vimos la necesidad de pensar en algunas alternativas para evitar las conductas que la originan. Se mencionó la importancia de configurar una identidad única, basada en el autoconocimiento y la aceptación de lo que somos, incluso de aquellos aspectos que parecen menos “luminosos”.

Reconocimos que se requiere además practicar la integridad, pues el mostrar una imagen honesta parte del respeto hacia lo que somos, pero también se proyecta como un acto de valentía que honra nuestra relación con los demás. Así, podemos construir vínculos más sólidos que nos alimenten desde lo interno.

Por último, se habló de algo sumamente relevante: las redes sociales no son neutrales, sino sistemas diseñados para incrementar el tiempo y la intensidad de nuestra interacción con ellas, donde los más beneficiados son precisamente los dueños de las plataformas.

Con esta serie de ideas dimos por finalizada nuestra reunión, recordando que lo más valioso no fue alcanzar respuestas definitivas, sino el haber reconocido que entre todos construimos una idea más amplia y mejor de la que habríamos alcanzado por nosotros mismos.