
El PUNTO DE VISTA DE FLAVIO JUSTINO SOBRE LA FILOSOFÍA
Justino, llamado también Justino mártir, fue el primer padre apologista que escribió con una actitud muy clara ante la filosofía. Él fue hijo de padres paganos, nació en la antigua Siquem (Flavia Neápolis, la actual Nablus de Palestina), hacia el año 100; se convirtió al cristianismo en el año 133 y fue martirizado en el año 164 o 165. Escribió dos apologías. La primera la dirigió al emperador Antonino Pío (138-161) y la segunda, a su sucesor Antonino Vero (161-169). También escribió el Diálogo con Trifón.
I. Su diálogo con Trifón
El diálogo entre Justino y Trifón, el judío, se desarrolló en forma de preguntas y respuestas. En la primera parte del diálogo hablan sobre filosofía. A las preguntas de Trifón si los filósofos tratan de Dios en sus discursos, si versan sus disputas sobre su unicidad y providencia, y si el objeto de la filosofía es investigar acerca de Dios, Justino responde que sí, y que esa es la opinión de él; pero que la mayoría de los filósofos ni se plantean siquiera si hay un solo Dios o hay muchos, ni si tienen o no providencia de cada uno de los seres humanos. La razón por la cual no se plantean estos temas relacionados con Dios es porque opinan que semejante conocimiento no contribuye para nada a la felicidad de los seres humanos. Además, intentan persuadir a los seres humanos de que Dios cuida del universo en general y de los géneros y especies, pero no a los seres humanos ni a las cosas particulares. Su argumento es que, si Dios cuidara también a los seres humanos, ellos no le estarían suplicando día y noche. Otros filósofos, en vista de que dan por supuesto que el alma es inmortal e incorpórea, opinan que ni aun obrando el mal han de sufrir algún castigo; y dado que, según ellos, lo incorpóreo es impasible, y el alma es inmortal, no tienen ninguna necesidad de Dios. En respuesta a las preguntas de Trifón, qué opina él sobre las opiniones que varios filósofos tienen de Dios, y qué idea tiene de Dios y cuál es su filosofía, Justino declara que la filosofía es en realidad el mayor de los bienes y el más precioso don de Dios; y que ella es la única que conduce a las personas hacia Dios y lo recomienda. Además, qué santos, a la verdad, son aquellos que dedican a la filosofía su inteligencia.
Justino relató a Trifón su experiencia que tuvo al acudir a los maestros de filosofía. Primero acudió a un estoico, con quien pasó mucho tiempo; pero, al darse cuenta de que no avanzaba nada en el conocimiento de Dios, de quien él tampoco sabía, se apartó de él y se fue a un peripatético al que pronto abandonó, a causa de que le indicó que tenía que pagarle honorarios. Después, por su gran interés que seguía teniendo de oír lo que es peculiar y más excelente en la filosofía, acudió a un pitagórico, pero este lo despidió pronto, a causa de que, según él, Justino no estaba preparado para estudiar filosofía por no saber música, geometría y astronomía; tampoco Justino estaba dispuesto a gastar tiempo para aprender aquellas disciplinas. Finalmente, se dirigió a un maestro platónico y, al considerar la doctrina de las ideas inmateriales, se deleitó en gran manera. Esperaba que de un momento a otro iba a contemplar al mismo Dios, dado que, según él, es el objetivo de la filosofía platónica.
Mientras Justino estaba con aquella expectativa, se encontró con un anciano cristiano, con el cual Justino tuvo una conversación sobre la filosofía. Esta conversación se desarrolló como el diálogo con Trifón: con preguntas y respuestas. Justino declaró al anciano que sin la filosofía y la recta razón no es posible que haya prudencia, de manera que todos los hombres se deben dar a la filosofía, a la cual deben tener por la más grande y más honrosa obra, y dejar todas las demás actividades en segundo y tercer lugar; si ellas van unidas a la filosofía, aún podrán pasar por cosas de moderado valor y dignas de aceptarse; pero, si se separan de ella y no la acompañan, son pesadas y viles para quienes las realizan. El anciano cristiano preguntó qué es la filosofía y cuál es la felicidad que ella produce; Justino respondió que la filosofía es la ciencia del ser y el conocimiento de la verdad, y la felicidad es la recompensa de esta ciencia y de este conocimiento. El anciano preguntó a qué le llamaba ser (Dios) y Justino respondió que él llamaba ser lo que siempre es del mismo modo e invariablemente y es causa del ser de todo lo demás; eso es propiamente Dios. El anciano cristiano demostró a Justino la falsedad de las posturas filosóficas: que las almas ven a Dios y transmigran a otros cuerpos, y que el alma es increada e inmortal. Justino preguntó al anciano si no se halla la verdad en Platón y en Pitágoras, a quién se va a tomar por maestro y de dónde se puede sacar provecho; y el anciano le respondió que la verdad se halla en los escritos de los profetas, los cuales vivieron antes de los filósofos griegos y hablaron inspirados por el Espíritu Santo, dado que del contenido de sus escritos se puede sacar el más grande provecho en las cuestiones de los principios y fin de las cosas y, en general, sobre aquello que un filósofo debe saber.
Justino, al retomar su diálogo con el judío Trifón, le dice que, al reflexionar sobre el razonamiento del anciano cristiano, halló que solamente la enseñanza que los profetas dan en sus escritos es la filosofía segura y provechosa, de manera que, por sostenerla, él es un filósofo. Así que Justino fue un pagano culto convertido al cristianismo.
II. Sostuvo que la filosofía está relacionada con el cristianismo
La base de su argumento fue la razón y su argumento parte de su definición del cristianismo. Después de definir que el cristianismo es la “única filosofía segura y útil” y que es el resultado último y definitivo a que la razón debe llegar en su investigación, afirma que la razón es el Verbo de Dios, es decir, Cristo, del cual participa todo género humano, de manera que los que vivieron según la razón fueron cristianos, aunque fueran ateos. Entre los griegos que fueron cristianos por haber vivido según la razón estuvieron Sócrates, Heráclito, y entre los bárbaros, Abraham y Ananías y Azarías y Misael y Elías; sin embargo, estos cristianos anteriores tuvieron un conocimiento limitado de la verdad, dado que no entendieron completamente las semillas de verdad que había en ellos; solo pudieron ver de manera oscura, mediante la razón innata que había en ellos, la verdad.

El propósito de Justino al emplear la doctrina de la filosofía estoica de las razones seminales fue fundamentar la continuidad del cristianismo con la filosofía griega, reconocer en los filósofos griegos a los anticipadores del cristianismo y justificar la obra de la razón identificándola con Cristo. Por medio de esta doctrina de la filosofía estoica, Justino relacionó completamente el cristianismo con la verdad filosófica.
Bibliografía
- Los filósofos medievales, Selección de textos, Clemente Fernández S. I., La editorial católica, S. A. — Apartado 466, Madrid. MCMLXXIX.
- Historia de la filosofía medieval, Mauricio Beuchot, Fondo de Cultura Económica.
- Historia de la filosofía, tomo II, Frederick Copleston, Editorial Ariel, S.A., Barcelona.
- Historia de la filosofía, volumen I, Nicolás Abbagnano, Traducción de Juan Estelrich y J. Pérez Ballestar, Hora, S.A., Barcelona.
