EL DESTINO DEL HOMBRE, SEGÚN EL SISTEMA FILOSÓFICO-TEOLÓGICO DE ORÍGENES
El destino del hombre es, según Orígenes, retornar a su estado original, y forma parte integrante del movimiento conjunto del mundo a que pertenece. El estado original del hombre consistía en ser una sustancia racional, una inteligencia, y con la caída se convirtió en alma. Hay una diferencia entre el alma y la inteligencia. La inteligencia es refractaria al mal debido a que es como pura vida espiritual; pero el alma es susceptible del bien y del mal. La caída del hombre fue un acto de libertad y su redención y retorno a Dios también será un acto de libertad. La libertad es, por naturaleza, el don fundamental del ser humano, quien es capaz de obrar en virtud de la razón y de escoger. Orígenes, como lo había hecho Clemente, interpretó la acción del mensaje cristiano como una acción educadora que conduce gradualmente al hombre a la vida espiritual. El Logos que se encarnó en Cristo tiene la función de realizar la acción educadora. Al realizar esta función, “Jesús aleja nuestra inteligencia de todo aquello que es sensible y la conduce al culto de Dios, que reina sobre todas las cosas”. La obra de redención que Jesús realizó consiste en la conducción del hombre hacia Dios. Al comentar Orígenes el prólogo del IV Evangelio, el Evangelio de Juan, explica que la acción iluminadora del Logos es como una penetración progresiva de la luz en los hombres y como la incesante llamada al hombre para que quiera libremente volver a Dios. El camino del retorno del hombre a Dios puede ser larguísimo. Si su existencia en un mundo no basta para concluirlo, el hombre renacerá en el mundo siguiente; y si aún queda inconcluso, puede renacer en otros, hasta que haya expiado su culpa y haya vuelto a la perfección primitiva. De manera precisa, la necesidad que el hombre tiene de recibir una educación progresiva justifica la pluralidad sucesiva de mundos, ya que en ellos se reeducan los seres caídos.

Para Orígenes, la educación que el hombre necesita como retorno gradual a la condición de sustancia inteligente se efectúa a través de grados sucesivos de conocimiento. Al avanzar de un grado a otro, el hombre se eleva. Así, él se eleva del mundo sensible a la naturaleza inteligible, la cual es la del Logos, y del Logos a Dios. Solo a través del Logos, el cual es la sabiduría y la verdad, se puede discernir el ser, y solo a través de él se puede discernir el poder y la naturaleza de Dios, quien está más allá del ser. Sin embargo, cuando Dios no sea ya visto a través del Hijo, en la imagen de una imagen, sino directamente como el mismo Hijo le ve, el ciclo del retorno del hombre desde el mundo a Dios se habrá realizado y Dios será todo en todos.
Por otra parte, Orígenes sostuvo que el retorno del hombre a Dios se efectuará por medio de una purificación paulatina, la cual se producirá por la redención del Logos; y que por esa purificación todo retornará a Dios, dado que el mal y la privación quedarán completamente destruidos, relegados a la absoluta nada. Así que el castigo verdadero es la vuelta al no ser, ya que todo cuanto es, por el simple hecho de ser, tiene que volver, purificado, a la unidad y bondad del Creador. Por medio de un sufrimiento purificador, todas las almas, entre las cuales están el diablo y los demonios, conseguirían la unión con Dios. Esa es la doctrina de Orígenes de la restauración de todas las cosas, la apocatástasis, según la cual todas las cosas regresarán a su último principio, y Dios será todo en todo; es decir, que habrá una reconciliación y salvación universal. Así que se supone la negación de la doctrina ortodoxa del infierno.
Bibliografía
- Historia de la filosofía, volumen I, Nicolás Abbagnano, Traducción de Juan Estelrich y J. Pérez Ballestar, Hora, S.A.,
- Historia de la filosofía, tomo II, Frederick Copleston, Editorial Ariel, S.A., Barcelona.
- Historia de la filosofía medieval, Mauricio Beuchot, Fondo de Cultura Económica.
- Diccionario de filosofía, Tomo II, José Ferrater Mora, Editorial Sudamericana, Buenos Aires.
