En el primer artículo advertimos que este trabajo lo separamos en tres partes debido a la extensión de lo pretendido: la lectura historiográfica, filosófica y el devenir como herencia que nos ha dejado el centenario de la obra vasconceliana de 1925. Es decir, en la primera parte nos concentramos en el contexto histórico de José Vasconcelos previo a la publicación de La raza cósmica y abordamos la circunstancia orteguiana que el filósofo mexicano tuvo durante finales de la década de 1910 y de principios de 1920 con los viajes diplomáticos que realizó al Sur de América. Este primer artículo tuvo el propósito de tener un vínculo directo con lo que abordaremos en la continuación de nuestro trabajo. Pretendemos, pues, resolver la siguiente pregunta: ¿cuáles fueron las bases fundamentales para que Vasconcelos desarrollara su raza cósmica como categoría filosófica?
El contenido filosófico es lo que nos interesa dejar claro para poder comprender su idea continental, que dejará un legado que trascendió la historia del pensamiento iberoamericano (la herencia de ello lo abordaremos en la tercera parte de nuestra investigación). A nuestro criterio, el fundamento filosófico vasconceliano se encuentra principalmente en la filosofía clásica con trabajos como Las Enéadas (1982) de Plotino y, en un segundo plano, el pensador mexicano intenta sistematizar una estética con su trabajo El monismo estético (2009), donde retoma elementos teóricos de Kant (estética trascendental) y Nietzsche (lo apolíneo y dionisíaco). Lo interesante es que una de nuestras tesis plantea que Vasconcelos trascendió estas bases teóricas en cuanto a su influencia para desarrollar una filosofía propia. Veamos, pues, de qué se trata lo dicho.
Plotino fue un filósofo de Alejandría y de la antigüedad que recuperó el cuerpo filosófico de Platón para desarrollar sus propias ideas. Una de sus obras más representativas fue, sin duda, las Enéadas, que, a su vez, fueron parte de la lectura de Vasconcelos durante la década de 1910. Plotino (1982) expuso una filosofía acorde al contexto histórico correspondiente en donde nace: el pensamiento antiguo (griego) tenía una cosmovisión unitaria de las cosas y del mundo (Cañas Quirós 2006). No queremos decir que el conocimiento no estuviera diversificado y que sus orígenes no fueran plurales en una civilización griega que precisamente nace y se enriquece de la mezcla cultural y filosófica, sino que el conocimiento tenía una unidad que la misma filosofía intentó sistematizar. En otras palabras, la ética intenta converger con la estética o con la epistemología, entre otras correlaciones disciplinarias.
Lo que recupera, pues, Vasconcelos de Plotino es, por tanto, una extensión de lo mencionado: la ética y la estética convergen constantemente tanto en Plotino como en nuestro pensador mexicano. Para Plotino, lo bello está vinculado con la idea de la virtud y de ahí su referencia: si no te ves bello a ti mismo, escúlpete a ti mismo como si fueras un gran escultor. Es la virtud, en cuanto a su constante práctica, la que nos hace ser bellos, según el pensador del ahora Egipto. Vasconcelos retoma esta idea para desarrollar su propia estética.
Es, pues, en su trabajo de 1918, El monismo estético, donde llega a exponer las bases que darán origen a La raza cósmica. El contexto histórico de esta obra se encuentra en los meses finales de la Revolución mexicana. Recuérdese que la Constitución de nuestro país se promulga en 1917 y se reconocen ciertas luchas (otras no) que los revolucionarios mexicanos habían demandado durante los años previos. No obstante, lo que queda de ese periodo posrevolucionario es la inestabilidad política, social, económica, cultural y educativa (Knight 2010). Vasconcelos se encontraba viviendo en este entorno que posiblemente fue también un factor en la preocupación de plantear un horizonte integral para nuestro país (Fell).
Ahora, ¿qué nos expone Vasconcelos en El monismo estético? Concretamente, lo que pretende el filósofo mexicano es realizar una sistematización de su teoría estética. En ella, Vasconcelos admite que fundamentalmente sus influencias son Plotino, Kant y Nietzsche; afirma el pensador mexicano: El origen de la tragedia (2020), de Nietzsche, y reflexiones posteriores me han hecho comprender que el asunto implica cuestiones extraordinariamente profundas. Es, por tanto, el mundo de lo apolíneo y, especialmente, lo dionisiaco lo que recuperará con la maxixe (danza brasileña) y su abajo la pedantería y reafirmación del arte popular brasileño (Vasconcelos 1948). Son los carnavalescos, lo colorido, el propio arte popular que tiene expresiones místicas y espirituales de la cultura brasileña. A su vez, esto tiene ciertas implicaciones para desarrollar su categoría estética que propone en El monismo estético: pathos estético.
Por tanto, es su idea propia del pathos estético la que dará guía concreta a sus planteamientos de La raza cósmica. Recordemos que la primera parte del texto vasconceliano es un desarrollo teórico para fundamentar las bases de la quinta raza y de la existencia de ella misma para mostrar una misión (casi mística) que tienen los pueblos iberoamericanos. Vasconcelos (1948) propone tres estadios fundamentales que la civilización iberoamericana tiene que experimentar: el estadio material y/o guerrero, el estadio intelectual y/o político y, por último, el estadio espiritual y/o estético. Este primer estadio material se caracterizó en el proceso del choque entre los dos mundos principales: el ibérico y el americano-nativo. En este periodo se produjeron experiencias de dominación por ser parte de un encuentro inicialmente violento y que tiene su expresión máxima con la encomienda de los conquistadores. El segundo estadio fue un proceso de reflexión, discusión filosófica-jurídica, investigación teológica y puesta en práctica de la jurisprudencia ibérica con la Escuela de Salamanca encabezada por Francisco de Vitoria (Pereña Vicente 1992). En el último estadio, el espiritual o estético, se desarrolla la misión fundamental de la raza cósmica vasconceliana y el pathos estético es la metodología por la que conocemos la mística de los pueblos iberoamericanos. Ahí, pues, radican las bases de la unidad de los pueblos de América.
José Vasconcelos nos propone la idea unitaria de los pueblos iberoamericanos en sus diversas extensiones: lo político, lo educativo, lo cultural, la cooperación, etc. Esto es posible, por tanto, por el pathos estético como experiencia del sentimiento que nos produce la fraternidad espiritual que, según el filósofo mexicano, se encuentra en la mística iberoamericana. No es solo, pues, la base jurídica que puede sustentar una colaboración y unidad de los distintos pueblos iberoamericanos, sino que es el pathos, el sentimiento y el profundo afecto el que nos guía la trayectoria de una raza cósmica. No es casualidad, en este sentido, que Vasconcelos salga de las fronteras brasileñas hacia el Uruguay con una profunda nostalgia y sentimiento de añorar un proyecto continental en el que se pondrán las bases teóricas en su texto de 1925. Pocos años después de su regreso de las experiencias iberoamericanas en ese viaje diplomático al Sur de América. En consecuencia, en el último artículo abordaremos esa herencia que no solo se deja en la filosofía iberoamericana, sino en los proyectos futuros de la misión de cooperación, colaboración o, mejor dicho, de concretar el sueño de la idea continental del iberoamericanismo, de la raza cósmica.
Referencias
Cañas Quirós, Robero. «El origen de la filosofía en Grecia: la unidad del hombre con el cosmos». Espiga, 2006: 1-22.
Fell, Claude. José Vasconcelos: los años del águila, 1920-1925. Educación, cultura e iberoamericanismo en el México posrevolucionario. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2020.
Knight, Alan. La Revolución mexicana. Traducido por Luis Cortés Bargalló. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2010.
Pereña Vicente, Luciano. «Carta de derechos de los indios según la Escuela de Salamanca». International Review of the Red Cross, 1992: 494-514.
Plótino. Enéadas. Traducido por Jesús Igal. Madrid: Gredos, 1982.
Vasconcelos, José. El monismo estético: ensayos. Ciudad de México: Trillas, 2009.
—. La raza cósmica. Misión de la raza iberoamericana: Argentina y Brasil. Ciudad de México: Espasa-Calpe Mexicana, 1948.
