RESUMEN
Este artículo explora la relación entre las disfunciones tiroideas y la salud mental desde una doble perspectiva: la evidencia científica y la experiencia personal de la autora como paciente. A partir de una revisión documental en fuentes médicas y académicas, se analizan las principales funciones de la tiroides, sus disfunciones más comunes y la forma en que estas afectan el estado de ánimo, generando síntomas que con frecuencia se confunden con trastornos de ansiedad o depresión. Asimismo, se presentan dos casos clínicos —uno documentado en literatura médica y otro vivido en primera persona— que ilustran la necesidad de un abordaje integral entre especialidades médicas para mejorar la detección y tratamiento de estas condiciones. El texto no sustituye la orientación profesional, pero busca sensibilizar sobre la importancia del diagnóstico oportuno, la información accesible y el acompañamiento integral como herramientas para fortalecer la salud física y mental de los pacientes.
Palabras clave: Tiroides, salud mental, hipotiroidismo, hipertiroidismo, ansiedad, depresión, medicina integral, experiencia del paciente.
ABSTRACT
This article explores the relationship between thyroid dysfunctions and mental health from a dual perspective: scientific evidence and the author’s personal experience as a patient. Drawing on a review of medical and academic sources, it analyzes the thyroid gland’s main functions, its most common disorders, and how these conditions affect mood, often mimicking symptoms of anxiety or depression. Two clinical cases are presented—one documented in medical literature and another based on personal experience—that highlight the need for integral and interdisciplinary medical approaches to improve detection and treatment. While this text does not replace professional medical advice, it aims to raise awareness of the importance of timely diagnosis, accessible information, and comprehensive care as key tools to strengthen patients’ physical and mental health.
Keywords: Thyroid, mental health, hypothyroidism, hyperthyroidism, anxiety, depression, integrative medicine, patient experience.
I. INTRODUCCIÓN
“Este artículo no sustituye la orientación profesional en salud. Está escrito desde la experiencia personal de la autora como paciente y con base en investigación documental en fuentes académicas y médicas confiables.”
“La enfermedad no es solo un desajuste biológico, sino una experiencia humana que transforma la vida y la identidad de quien la padece.”
—Arthur Kleinman, The Illness Narratives (1988)
Hablar de la salud mental desde una perspectiva honesta y no mercantilizada significa romper estigmas. Esa es la importancia de compartir la información que, como pacientes, descubrimos en el transcurso de nuestras propias experiencias: ofrecer luz a quienes buscan respuestas o, simplemente, desean sentirse escuchados y acompañados en sus malestares. Compartir conocimiento genera comunidad, y la comunidad, a su vez, se convierte en un sostén invaluable cuando la salud mental y emocional atraviesa un detrimento.
Partimos aquí de la premisa de que el interés por comprender la complejidad de la salud psicoemocional es relativamente reciente. Una de las bondades de los medios socio-digitales es que han abierto espacios más libres y democráticos para hablar sobre estos temas. Sin embargo, subsisten muchas incógnitas y, en paralelo, se observa también un riesgo de banalización en torno a los problemas de salud mental. De una manera u otra, resulta evidente que el camino de conocimiento aún es largo, pues el concepto mismo de “salud mental” parece ser tan complejo y diverso como la humanidad misma.

Este artículo se escribe desde el descubrimiento personal de la autora, diagnosticada con hipertiroidismo asociado a una enfermedad tiroidea difusa aún no determinada con claridad. Fue de gran impacto constatar cómo los episodios de ansiedad podían estar directamente provocados —o, al menos, potenciados— por una disfunción en la glándula tiroides. En medio de un proceso de salud exigente y multifacético, el mayor logro del tratamiento no ha sido únicamente la estabilización biológica (aún en proceso), sino una ganancia inesperada: la recuperación de la salud mental.
Por lo tanto, este texto no pretende constituirse como un trabajo científico en el sentido médico del término, sino como un ejercicio de divulgación y acompañamiento. Está dirigido a pacientes y a quienes conviven con familiares o amistades con disfunciones tiroideas, con el objetivo de acercar información clara y accesible sobre los vínculos profundos entre la función tiroidea y los estados emocionales, especialmente en su relación con los trastornos de ansiedad y depresión.
II.- ¿QUÉ ES LA TIROIDES?
La tiroides es una glándula endocrina pequeña, con forma de mariposa, situada en la parte anterior del cuello, justo debajo de la laringe. Su función principal es la producción de dos hormonas fundamentales: la triyodotironina (T3) y la tiroxina (T4). Estas hormonas regulan la forma en que el organismo utiliza la energía, influyendo en prácticamente todos los órganos y sistemas del cuerpo.
A pesar de su reducido tamaño, el impacto de la tiroides es enorme. Entre las funciones que regula destacan el metabolismo basal, la frecuencia cardíaca, la respiración, la digestión, el ciclo menstrual, el crecimiento y desarrollo, así como el estado de ánimo. En otras palabras, la tiroides establece el “ritmo vital” del organismo, modulando la velocidad con la que se realizan procesos esenciales para la vida.
Cuando esta glándula funciona de manera inadecuada, las consecuencias son significativas. Una tiroides hiperactiva acelera en exceso las funciones del cuerpo, incluso en reposo, generando un desgaste físico y psicológico difícil de sostener. Por el contrario, una tiroides hipoactiva ralentiza el metabolismo, provocando fatiga, lentitud, dificultad para concentrarse y una disminución de la calidad de vida si no se cuenta con el acompañamiento médico adecuado.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más de 750 millones de personas en el mundo presentan algún tipo de patología tiroidea, lo que equivale aproximadamente al 10% de la población mundial. De manera alarmante, se estima que cerca del 60% de estos casos no están diagnosticados, lo que subraya la importancia de divulgar información clara y accesible sobre la función tiroidea y sus alteraciones (OMS).
Comprender la función de la tiroides es esencial para dimensionar la magnitud de los problemas que surgen cuando esta glándula falla. En la siguiente sección se abordarán las principales disfunciones tiroideas y su relación con la salud integral del paciente.
III.- PRINCIPALES DISFUNCIONES
Es importante destacar que las mujeres son más propensas a desarrollar algún tipo de disfunción tiroidea, especialmente en el rango de los 40 a 50 años. Sin embargo, nadie está exento: jóvenes, adolescentes e incluso niños pueden padecer alguna alteración en esta glándula, ya que treinta y siete de cada mil infantes tienen algún tipo de padecimiento endócrino (children.es).
Las disfunciones de la tiroides son complejas y a menudo se asocian a otros problemas de salud, tanto físicos como psicoemocionales. Entre los principales trastornos se encuentran los siguientes:
- Hipotiroidismo
El hipotiroidismo se caracteriza porque la glándula tiroides no produce suficientes hormonas. Como consecuencia, el organismo reduce su ritmo de funcionamiento, afectando diversos sistemas. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran: fatiga persistente, resequedad de la piel, caída del cabello, pérdida de memoria, estreñimiento, alteraciones menstruales, colesterol elevado y aumento de peso o volumen corporal. Su detección se realiza mediante un perfil tiroideo (estudio de laboratorio que mide TSH, T3 y T4); en algunos países puede solicitarse sin orden médica, aunque su interpretación siempre debe estar a cargo de un especialista. - Hipertiroidismo
En el caso contrario, la glándula tiroides produce un exceso de hormonas, provocando una “aceleración exacerbada” del organismo. Esta condición suele generar un desgaste difícil de controlar en distintos sistemas corporales. Entre los síntomas más comunes se encuentran: pérdida de peso repentina, insomnio, temblores, ansiedad, inquietud, intolerancia al calor, cambios en el flujo menstrual y crecimiento anormal de la glándula (bocio). Al igual que el hipotiroidismo, puede detectarse a través de un perfil tiroideo, cuyo análisis adecuado debe hacerse bajo supervisión médica. - Nódulos o quistes tiroideos
Son formaciones dentro de la glándula que pueden alterar su funcionamiento. La mayoría son benignos, pero su presencia requiere seguimiento, ya que pueden generar síntomas de hipo o hipertiroidismo y, en algunos casos, dificultar la respiración o la deglución si alcanzan un tamaño considerable. Su detección suele realizarse mediante un ultrasonido de tiroides. - Cáncer de tiroides
Menos frecuente que las disfunciones anteriores, el cáncer de tiroides afecta aproximadamente a uno de cada cien pacientes con patología tiroidea. Aunque en la mayoría de los casos es tratable y con buen pronóstico, requiere atención especializada y vigilancia médica constante.
Cabe mencionar que los síntomas enlistados en cada uno de los puntos anteriores se presentan en la generalidad, pero no es requisito que se manifiesten en todos los pacientes y las personas de la misma manera; incluso, algunos síntomas como la fatiga o la niebla mental se pueden presentar tanto en el hipertiroidismo como en el hipotiroidismo, solo que lo harán con algunas diferencias en su manifestación. Cada organismo es distinto y es por ello de vital importancia que el paciente conozca bien cómo reacciona su cuerpo a la enfermedad o tratamiento; de la misma manera, es necesario que el personal médico reconozca y valide el cuadro sintomático expresado por el paciente, aunque no presente los síntomas más comunes.
IV.- POSIBLES CAUSAS Y TRATAMIENTOS
Pensemos en un vehículo estacionado pero encendido: alguien presiona el acelerador sin que el coche avance. Si la presión se mantiene, el motor se sobrecalentará, aparecerán ruidos extraños y, eventualmente, el combustible se agotará. Esta puede ser una analogía del hipertiroidismo: un cuerpo que funciona en exceso, aun en reposo, con un desgaste que lo lleva al límite.

Para el hipotiroidismo, en cambio, imaginemos un automóvil que circula por una avenida de alta velocidad, pero cuyo motor carece de fuerza para responder a las exigencias del camino. El vehículo avanza con lentitud aunque el entorno demande rapidez; así sucede con el cuerpo que no recibe suficiente producción hormonal de la tiroides.
Las enfermedades tiroideas suelen tener un componente genético y ambiental (Gobierno de México, “Día Mundial de la Tiroides”). En muchos casos se deben a la presencia de nódulos o quistes, pero con frecuencia se relacionan con problemas del sistema inmunológico, como la tiroiditis de Hashimoto (más asociada al hipotiroidismo) o la enfermedad de Graves (vinculada al hipertiroidismo). Sin embargo, todavía existe un número importante de casos en los que la causa permanece desconocida.

El hipotiroidismo tiene un tratamiento relativamente sencillo: se administra de manera crónica una hormona tiroidea sintética (levotiroxina), que reemplaza la función de la glándula y permite restaurar los niveles normales de T4. Con este tratamiento, los síntomas tienden a mejorar de forma progresiva, incluyendo los vinculados con el estado de ánimo. En México, este medicamento es accesible y de bajo costo.
El hipertiroidismo, por su parte, es más complejo y riesgoso de tratar. El médico deberá ordenar estudios específicos (perfil tiroideo, ultrasonido, gammagrafía) para determinar la causa y la severidad del cuadro. A partir de ello se diseña el plan terapéutico, que suele incluir medicamentos antitiroideos (como metimazol, tiamazol o propiltiouracilo) que reducen la producción hormonal, o procedimientos más invasivos como el yodo radioactivo o la cirugía. En la mayoría de los casos, el tratamiento busca llevar al paciente a un estado hipotiroideo, pues resulta más seguro y clínicamente manejable que un organismo permanentemente acelerado.
V.- LA TORMENTA TIROIDEA
La tormenta tiroidea, también llamada crisis tirotóxica, es una de las complicaciones más graves y temidas del hipertiroidismo no tratado o mal controlado. Se trata de una emergencia médica en la que los síntomas propios del exceso hormonal se intensifican de manera extrema: taquicardias severas, temblores, sudoración profusa, fiebre, episodios de ansiedad aguda, alteraciones en la conciencia e incluso falla multiorgánica.
Aunque poco frecuente —se estima que ocurre en apenas entre el 1% y el 2% de los pacientes con hipertiroidismo—, su tasa de mortalidad sigue siendo muy alta, oscilando entre el 20% y el 30% de los casos (Elsevier). Por esta razón, los equipos médicos implementan estrategias de tratamiento preventivo en pacientes diagnosticados con hipertiroidismo, con el fin de evitar que se llegue a este punto crítico.
El manejo clínico incluye habitualmente el uso de fármacos antitiroideos para frenar la producción hormonal y de betabloqueadores, como el propranolol, para reducir la frecuencia cardíaca y controlar la presión arterial. En situaciones más graves se pueden requerir esteroides y medidas de soporte intensivo.
En términos sencillos: la tormenta tiroidea es como si el cuerpo, ya acelerado por el hipertiroidismo, se desbordara en una carrera descontrolada que amenaza con colapsar todos los sistemas vitales. Detectar y tratar el hipertiroidismo a tiempo no solo mejora la calidad de vida del paciente, sino que puede ser literalmente la diferencia entre la vida y la muerte.

VI.- ENFERMEDADES TIROIDEAS Y ESTADOS DE ÁNIMO
“La ausencia de síntomas patognomónicos que orienten al clínico en el diagnóstico diferencial entre enfermedad tiroidea y trastorno psiquiátrico deberá hacer rutinaria la evaluación de función tiroidea en todo paciente que consulta por patología anímica” (Elsevier).
Este planteamiento resulta crucial, ya que entre los síntomas más frecuentes de las disfunciones tiroideas destacan aquellos que se asemejan a los de la depresión y la ansiedad. Además, suelen presentar un carácter progresivo: cuanto más grave es la enfermedad, más intensos se vuelven los síntomas emocionales (Mayo Clinic).
En términos generales, los pacientes con hipertiroidismo tienden a presentar ansiedad, nerviosismo, irritabilidad e insomnio, mientras que quienes padecen hipotiroidismo experimentan depresión, lentitud cognitiva, cansancio extremo y desmotivación. Esto hace que algunos cuadros tiroideos se confundan fácilmente con trastornos psiquiátricos. Por esta razón, tanto la Asociación Americana de Endocrinólogos Clínicos como la Asociación Americana de la Tiroides recomiendan que “se debe considerar, en todos los pacientes con depresión, el diagnóstico de hipotiroidismo subclínico o manifiesto” (Midetutiroides). De la misma manera, el hipertiroidismo debería descartarse en casos de ansiedad persistente.
La relación entre función tiroidea y trastornos del ánimo se ha estudiado desde hace más de cincuenta años. Hoy sabemos que las hormonas tiroideas actúan en el cerebro, modulando genéticamente proteínas implicadas en la fisiopatología de los trastornos del ánimo y potenciando los sistemas neurotransmisores serotoninérgicos y noradrenérgicos (Elsevier). Así, el hipertiroidismo puede manifestarse con ansiedad, inestabilidad emocional, crisis de pánico, hipomanía o incluso manía; mientras que el hipotiroidismo puede provocar enlentecimiento psicomotor, pérdida de memoria, depresión, ansiedad, psicosis o desorientación subjetiva.
En otras palabras, la tiroides influye de manera directa en el control emocional al modular la actividad neuronal mediante los receptores adrenérgicos. Cuando existe hipo o hiperactividad tiroidea, se desencadenan alteraciones tanto cognitivas como anímicas, que pueden confundirse fácilmente con patologías exclusivamente psiquiátricas (Elsevier).
De ahí la importancia del diagnóstico oportuno. Realizar perfiles tiroideos bajo supervisión médica en pacientes con síntomas de depresión o ansiedad debería ser una práctica de rutina, ya que permite descartar una causa endocrina que, de pasar inadvertida, complica y retrasa la atención adecuada. Como señala Clínic Barcelona, los síntomas del hipertiroidismo, por ejemplo, son muy similares a los que se producen durante una respuesta desmedida al estrés, lo que explica que en muchos casos el diagnóstico se realice en fases avanzadas.
Promover el acceso a estudios de función tiroidea es clave no solo para mejorar la calidad de vida de los pacientes, sino también para evitar que cuadros tratables con terapia hormonal o farmacológica se perpetúen bajo diagnósticos exclusivamente psiquiátricos.
VII.- CASO 1: HIPERTIROIDISMO CAMUFLADO DE TRASTORNO DE ANSIEDAD.
El siguiente caso se presenta de manera resumida y accesible a partir de la lectura del artículo “Hyperthyroidism Camouflaged as an Anxiety Disorder: A Misdiagnosed Case Report”, publicado en la National Library of Medicine (disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10517880/).
Una paciente de 33 años acudió a consulta psiquiátrica en busca de tratamiento para síntomas de ansiedad: inquietud, fatiga, insomnio y palpitaciones intensas que persistían desde hacía seis meses. Además, reportaba nerviosismo constante y episodios de ataques de pánico. Negó antecedentes médicos significativos, fiebre o pérdida de peso marcada, aunque sí presentaba temblores en las manos. Este detalle resulta importante, ya que, aunque las disfunciones tiroideas suelen asociarse con fluctuaciones de peso, no todos los pacientes manifiestan este síntoma de manera evidente. En su familia, en cambio, sí existían antecedentes tanto psiquiátricos como endocrinos.
Como parte de la evaluación inicial, se aplicó la escala GAD-7 (Generalized Anxiety Disorder-7), que mide la frecuencia de síntomas como nerviosismo, irritabilidad o preocupación en las últimas dos semanas. La paciente obtuvo 11 puntos, lo que corresponde a un diagnóstico de ansiedad moderada. Se inició entonces un tratamiento psiquiátrico y psicológico integral.
Al mes, en una consulta de seguimiento, la paciente informó que no había experimentado mejoría alguna y que sus síntomas persistían. Además, añadió nuevos malestares: pérdida de peso inusual y temblores más evidentes en las manos. Aunque negó intolerancia al calor o alteraciones menstruales —otros síntomas comunes del hipertiroidismo—, la aparición de estos nuevos signos llevó al equipo médico a solicitar un abordaje más amplio, incluyendo un perfil tiroideo.
Los resultados de laboratorio fueron normales en la mayoría de los parámetros, excepto en el perfil tiroideo, que mostró un cuadro claro de hipertiroidismo. La paciente fue canalizada al servicio de endocrinología, donde comenzó tratamiento específico para su enfermedad tiroidea. A partir de entonces, no solo mejoraron de manera progresiva los síntomas físicos, sino también los emocionales, lo que confirma la estrecha relación entre las disfunciones endocrinas y los estados de ánimo.
Este caso ilustra la importancia de educar tanto a profesionales de la salud como a pacientes sobre la conexión entre las disfunciones tiroideas y los trastornos psicoemocionales. Comprender esta relación es vital para evitar diagnósticos erróneos y garantizar intervenciones clínicas oportunas que atiendan el origen real de los síntomas.
VIII.- CASO 2: IMPLEMENTACIÓN DE TRATAMIENTOS INTEGRALES PARA UNA MEJOR DETECCIÓN Y ATENCIÓN.
El siguiente caso es personal de la autora, expuesto con el fin de sensibilizar sobre la importancia de que los pacientes nos informemos, preguntemos y participemos activamente en nuestras interacciones médicas. También busca evidenciar la necesidad de contar con profesionales de la salud con una perspectiva integral, capaces de ver al organismo como un todo y no como compartimentos aislados.
Mis primeros síntomas fueron palpitaciones extrañas que al inicio confundí con problemas de presión baja, acompañadas de mareos y fatiga. Con el tiempo, estos “sobresaltos” se volvieron constantes y cada vez más intensos. Una médica general los identificó como extrasístoles —arritmias cardíacas— y me canalizó a estudios y a un cardiólogo. Aunque los primeros resultados parecían normales, pronto descubrí que también sufría disautonomía cardíaca. El perfil tiroideo reveló finalmente un cuadro de hipertiroidismo.
Aquí comenzó una etapa complicada. El primer endocrinólogo me diagnosticó, sin estudios suficientes, enfermedad de Graves-Basedow. Aun con la falta de certeza, seguí el tratamiento indicado, y noté mejoría física y, sobre todo, emocional: la irritabilidad, la ansiedad y la impaciencia que me dominaban desde hacía más de un año comenzaron a disminuir. Sin embargo, también aparecieron efectos adversos: niebla mental, fatiga extrema y persistencia de síntomas cardíacos. Pronto comprendí que los problemas de tiroides, arritmias y colitis crónica que padecía no podían tratarse de manera aislada.
La situación cambió al coincidir con un médico general con gran conocimiento en endocrinología, quien confirmó que mi hipertiroidismo era difuso y no de Graves-Basedow. Gracias a él pude comprender mejor mis estudios, tomar decisiones más informadas y experimentar una nueva etapa de mi tratamiento, debido a los ajustes sugeridos por él. Sin embargo, al intentar encontrar un nuevo endocrinólogo, me topé con una dificultad común en mi país: la escasez de especialistas y la saturación en la agenda. En varias clínicas, las citas se me ofrecían con una espera de seis meses o más, lo que evidenció la enorme brecha entre la alta incidencia de enfermedades tiroideas y la limitada capacidad de atención endocrinológica.
Fue mi cardiólogo, al dar seguimiento a mis arritmias, quien finalmente me remitió con otro endocrinólogo dispuesto a trabajar en conjunto con él. Fue así como comenzó una etapa de atención integral para mi salud, articulando las indicaciones del médico general, cardiólogo y endocrinólogo. Esta coordinación resultó fundamental para estabilizarme y evitar que el tratamiento de un problema agravara el otro.
En retrospectiva, me impresiona cómo, en medio de la incertidumbre y la complejidad clínica, lo más valioso que he recuperado es mi salud mental. Hoy, aun con camino por recorrer, vivo con más calma y claridad. Esta experiencia me ha mostrado que la atención integral y el acompañamiento médico coordinado no solo mejoran los parámetros biológicos: también devuelven al paciente la confianza en su cuerpo, en su mente y en la vida cotidiana.

IX.- CONCLUSIÓN
“El ser humano es un sistema en el que lo biológico, lo psicológico y lo social están indisolublemente entretejidos.” —George Engel, psiquiatra creador del modelo biopsicosocial (1977).
A lo largo de este texto, he querido subrayar un aspecto fundamental: los pacientes tenemos derecho a conocer con claridad las causas de nuestros malestares. En un país donde acceder a servicios de salud especializados con costos accesibles es todavía una dificultad para la mayoría, se vuelve aún más importante que quienes sí logramos llegar a consulta exijamos explicaciones claras, acompañamiento digno y, cuando sea necesario, busquemos otro profesional de la salud.
Compartir experiencias también es un acto de resistencia. La falta de información puede llevar a las personas a episodios de angustia innecesaria, mientras que el testimonio de un paciente puede ofrecer orientación, alivio y compañía. Cuando inicié mi tratamiento endocrino, encontré pocas fuentes accesibles sobre hipertiroidismo —menos común que el hipotiroidismo, especialmente en mujeres—, y fue precisamente esa carencia la que me llevó a escribir este artículo.
Comprender que algunos síntomas tiroideos pueden confundirse con trastornos de ansiedad o depresión me ayudó a reinterpretar mi propia historia clínica. Me pregunté cuántas personas estarían atravesando un proceso similar, sin sospechar que la causa podía estar en la tiroides. Por ello considero útil —siempre que se cuente con los recursos y acceso— complementar un tratamiento psicológico o psiquiátrico con un perfil tiroideo que permita descartar posibles causas orgánicas.
Esta misma recomendación la escuché de una especialista en el podcast Medicina Viral, quien subrayó la importancia de acudir primero con un psiquiatra cuando se inicia un tratamiento para depresión o ansiedad. Como médico, el psiquiatra puede evaluar también condiciones fisiológicas y descartar otras patologías, siendo la tiroides la primera que debe revisarse antes de confirmar un diagnóstico de trastorno mental. El episodio completo puede consultarse aquí: Medicina Viral – ¿Qué debes descartar antes de asumir un diagnóstico psiquiátrico? El fragmento mencionado comienza en el segundo 26 del video.
Soy consciente de que este tipo de decisiones requieren privilegios: acceso a médicos, posibilidad económica para estudios y tratamientos, tiempo y recursos. Quienes carecen de ellos tienen aún menos oportunidades para atender su salud integral. Sin embargo, democratizar la información es un paso hacia la equidad. Compartir conocimiento genera comunidad, y en esa comunidad puede encontrarse un apoyo invaluable para afrontar tanto la enfermedad como la incertidumbre que la acompaña.
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