El motor de la devaluación: Gramatización y la tiranía del cálculo
En el corazón de la proletarización se encuentra un proceso técnico que Stiegler denomina gramatización; este concepto no se refiere simplemente a la escritura, sino al mecanismo fundamental de hacer el mundo calculable. Es el proceso analítico por el cual los flujos continuos de la experiencia —los gestos de un artesano, el habla, el pensamiento— son descompuestos en elementos discretos, reproducibles y, por tanto, procesables como datos. Si el alfabeto fue una forma temprana de gramatización, su culminación llega con la tecnología digital, que ha elevado este proceso a una escala que despoja al saber de su potencial incalculable.
La fase digital de la gramatización se caracteriza por dos factores clave que explican su poder para devaluar el conocimiento, por ejemplo la velocidad diferencial para Stiegler es la abrumadora asimetría entre la velocidad de los impulsos nerviosos humanos (aproximadamente 50 m/s) y la de la fibra óptica (cerca de 200 millones de m/s) este “diferencial no es una mera curiosidad técnica, es un mecanismo estructural para eliminar el tiempo necesario para la deliberación, la reflexión y la formación colectiva del deseo. Al “adelantar y sobrepasar” las capacidades noéticas (de pensamiento), los sistemas algorítmicos aniquilan los “largos circuitos de transindividución” en los que se forja el conocimiento negentrópico.
Sobre el tema de la “gubernamentalidad algorítmica”, es necesario reconocer que este diferencial de velocidad permite lo que Antoinette Rouvroy y Thomas Berns llaman “gubernamentalidad algorítmica”, las plataformas digitales actuales no se limitan a registrar nuestras protenciones (el proceso por el cual proyectamos y anticipamos futuros, formando nuestros deseos, esperanzas y voluntades); las secuestran. En lugar de permitir que nuestros deseos se formen culturalmente, los sistemas automáticos reemplazan nuestras protenciones con otras generadas automáticamente (autocompletar, recomendaciones, etc.) que son calculables y sirven a la economía de datos, canalizando nuestro comportamiento hacia fines predecibles.
Este sistema es el motor de una devaluación epistémica fundamental, reconoce Steigler, ya que se reduce el conocimiento, que por naturaleza es “irreductible al cálculo” y un “generador de bifurcaciones improbables, es decir, incalculables”, a manera de información: una señal “finita, que solo puede ser reconocida en la medida en que se ajusta a un formato preexistente”. La información se convierte así en el combustible de la economía de datos, mientras que el saber, con su capacidad para generar futuros no previstos, es marginado, de lo cual se deduce que este vaciamiento no es solo una crisis social; sus consecuencias se extienden a una escala cosmológica.
Las consecuencias sistémicas: Del Antropoceno al Entropoceno
Para comprender el alcance real de la proletarización del conocimiento, Steigler propone que debemos elevar nuestra mirada del plano social al termodinámico; también sostiene que el Antropoceno, la era marcada por el impacto humano, se revela en su fase actual como un Entropoceno, un período de aumento masivo y autodestructivo de la entropía. Este se caracteriza por la aniquilación de la biodiversidad, la homogeneización cultural y el colapso de las singularidades psíquicas.
Por lo siguiente, Stiegler establece una conexión causal entre la proletarización del conocimiento y este aumento global del desorden y la destrucción de la noodiversidad —la diversidad de saberes, de formas de vida, de maneras de conceptualizar el mundo—; es la causa fundamental de la crisis entrópica. Al reducir todo saber a información calculable, el sistema actual aniquila nuestra capacidad colectiva para producir negentropía o nuevas formas de orden y bifurcaciones improbables que contrarrestan la tendencia universal hacia el caos.
Aquí es crucial integrar la concepción de Alfred North Whitehead de la razón como una función: “la contra-agencia disciplinada que salva al mundo”. La destrucción de la noodiversidad no es solo una lamentable pérdida de conocimiento; es la destrucción funcional de la razón misma. La proletarización del saber hacer, saber vivir y el saber conceptual destruye los saberes que nos permiten crear y mantener estructuras negantrópicas, liquidando nuestra capacidad colectiva para generar futuros improbables y para resolver nuestros problemas más críticos.
En este sentido, la proletarización generalizada es el “cumplimiento del nihilismo”: la devaluación de todos los valores al disolver todo lo que no es calculable, dado que este proceso no solo nos empobrece intelectualmente, sino que nos conduce a un sistema global que es termodinámicamente insolvente. Si el motor de nuestra civilización es inherentemente entrópico y nos dirige hacia el colapso, la pregunta más urgente se vuelve inevitable: ¿qué alternativa política y económica podemos construir para revertir esta tendencia?
Conclusión: Hacia una política negantrópica del conocimiento
El diagnóstico y la sintomatología plantean cuestiones aterradoras: la proletarización digital no es un mero efecto secundario del progreso, sino una tendencia entrópica que amenaza con liquidar el futuro del trabajo intelectual y la capacidad de la sociedad para generar porvenires “deseables”; por lo tanto, no se trata de una crisis más, sino de un trance de dimensiones cósmicas. El análisis de Stiegler, sin embargo, no nos condena a la parálisis, sino que nos exige formular una nueva política industrial y educativa, una terapéutica para el pharmakon digital. Las bases de esta política negantrópica son:
a) Reorientar la tecnología, entendiéndola como todo pharmakon, es a la vez veneno y remedio. No se trata de rechazarla, sino de rediseñarla. Es un imperativo civilizatorio construir una nueva arquitectura de la web y de los autómatas que, en lugar de reforzar la estandarización, se ponga “al servicio de la des-automatización” individual y colectiva, creando herramientas que fomenten la reflexión, la deliberación y la singularidad.
b) Una nueva economía del saber; de hecho, debemos transitar hacia una “economía contributiva” donde el valor ya no se mida por el capital acumulado, sino por la capacidad de generar saber y diferenciación; además, las inversiones deben orientarse a fines negantrópicos y, como afirma Stiegler, “la nueva axiología del valor debe convertirse en la negantropía”, esto significa valorar y remunerar las actividades que aumentan la noo-diversidad y la resiliencia social.
c) Resucitar las capacidades, en otras palabras, es urgente implementar una política educativa que luche activamente contra la proletarización; en lugar de formar individuos que se adapten pasivamente a los sistemas automáticos, la educación debe centrarse en la reapropiación de los saberes; su objetivo debe ser fomentar la capacidad crítica para generar procesos transformadores y así pensar lo improbable para construir activamente el conocimiento.
Es así que nos encontramos en una encrucijada histórica, la era digital nos presenta una disyuntiva radical: o bien nos convertimos en los proletarios anónimos de un Leviatán de datos que calcula cada uno de nuestros movimientos, empobreciendo nuestro espíritu y acelerando el desorden global o bien asumimos el deber de re apropiarnos de la técnica y replanteamos nuestra relación con los objetos técnicos para forjar un futuro donde el conocimiento en toda su riqueza incalculable, vuelva a ser el motor de la individuación y el porvenir colectivo. ¿Seremos los gestores de un colapso sistémico o los arquitectos de una nueva era negantrópica?.
Referencias bibliográficas
Bernard Stiegler, La société automatique “ L’Avenir du travail”, Fayard, París, 2015.
Bernard Stiegler, The Neganthropocene. Edited, translated, and with an introduction by Daniel Ross OPEN HUMANITIES PRESS, London, 2018
