LAS CONDICIONES DE MÉXICO EN EL SIGLO XIX

El siglo XIX, es un siglo de abundantes cambios para México, en este siglo México nace como nación….

LAS CONDICIONES DE MÉXICO EN EL SIGLO XIX

El siglo XIX, es un siglo de abundantes cambios para México, si bien es cierto, estos cambios se gestan en los siglos anteriores, en este siglo México nace como nación. Este nacimiento surge el 16 de septiembre de 1810, cuando Don Miguel Hidalgo y Costilla realiza el grito de Independencia en Dolores Guanajuato, iniciando con ello, un proceso de profundos cambios y transformaciones que repercutirán aún en la actualidad.

La consolidación de México como nación, tomó varios años, y es justamente las décadas del siglo XIX, las que fueron testigos de este arduo proceso, marcadas por conflictos bélicos internos y externos, trasformaciones legislativas y educativas, y luchas de poder entre grupos conservadores y liberales. Es este clima de tensión e incertidumbre, es el que caracteriza el sentir de la creciente nación.

Los conflictos externos, lograron debilitar tanto la economía y la estabilidad social, México entra en crisis al dar lugar a los mismos, los cuales, refuerzan la idea de derrota entre los mexicanos, marcando profundamente en su sentir.

Pero en este siglo, no todo fue retroceso, también existieron avances significativos en sectores como la Educación, ya que la misma logra tener mayor cobertura; esto en gran medida a su gratuidad y laicismo. En los últimos años de este siglo, llegan avances científicos y tecnológicos, los cuales favorecen a ciertos sectores de la población, con ello México se va consolidando como una nación cada vez más autónoma.

México como país naciente, se encontraba en un proceso de conformación de identidad y consolidación como nación, lo que le provocó luchas y enfrentamientos que ocasionaron consecuencias sociales, políticas, económicas, entre otras.

Con lo referente a lo económico, el siglo XIX se marca por un gran deterioro, según Weiner (2004): “La economía mexicana era de alrededor de la mitad de la de Estados Unidos en 1800. Aproximadamente un siglo después era, en el mejor de los casos, de una cuarta parte del tamaño de la de ese país” (p.70).

Si bien es cierto México era (y sigue siendo) un país lleno de riqueza natural, con referencia a la producción agrícola había falta de demanda, y dificultades para transportar los productos, aunado a ello existía falta de cuidado en los cultivos. México poseía riqueza de climas y paisajes, lo que permitía que casi cualquier cosa se pudiera cultivar, registros de Alexander von Humbold, citado por Weiner (2004) mencionan: “De acuerdo con el orden de las cosas establecidas por la naturaleza, en un reino montañoso y extenso como México, debía haber una inmensa variedad de productos locales; virtualmente no existe nada en el resto del mundo que no se pueda cultivar en alguna parte de la Nueva España” (p.74). Pero esta riqueza, era inútil, si la misma no era cuidada y utilizada por los mexicanos.

Con respecto a la minería, México era un gran exportador de Plata, según estimaciones hechas por el mismo Humbold, había más de 10 veces de este metal en México que en toda Europa (Weiner 2004), esta plata era mayormente explotada y exportada, por compañías extrajeras, que poco dejaban a México y a sus habitantes.  Con referencia a la actividad pesquera, había una falta de trabajadores de la misma, por ello permanecía subdesarrollada.

Algo que parece importante mencionar es la percepción que los habitantes de la nación reciente, tenían de su economía, Lucas Alemán citado por Weiner (2004) menciona que los protagonistas de la Independencia, creían falsamente que “una vez que la independencia se llevara a cabo, México sería el país más rico del universo” (p. 75), esta idea generalizada,  ocasionó un clima de confianza y descuido en la explotación y productividad mexicana. México año tras año se sumía en la pobreza, aunado a ello el gélido clima político y los enfrentamientos sociales, afectaban lo más profundo la estabilidad nacional.

Con lo referente a lo social y político, México estaba caracterizado por ser un país eminentemente religioso, la costumbre y la iglesia marcaba el proceder de casi toda la población;  por lo tanto el clero gozaba no sólo un poder religioso sino  político, y para el mismo la independencia y la autonomía, había causado profundos celos y preocupación por sus riquezas. Así el clero estaba: “pendiente del conflicto con el poder civil por los bienes eclesiásticos, que hasta 1855, se resuelve por medio de la negociación y el acuerdo” (Rosas, 2011, p.1), ya tanto que tanto las elites poderosas del pueblo y el clero compartían la visión de una república moderna y prospera. Pese a ello, el clero no cedía del todo su poder, Rosas (2011) menciona:

Desde la década de 1820 se da, al menos en México, una pugna entre el poder civil y el poder religioso que, aunque en ocasiones coinciden en sus objetivos, sostienen posturas distintas respecto de la relación Iglesia-Estado. Los conflictos antes de Ayutla entre ambas potestades muestran las divergencias en el seno de la sociedad mexicana, y subrayan la lucha entre ambas potestades por delimitarse a sí mismos, a partir de la defensa de su libertad, autonomía y predominio social (p.1).

La mentalidad católica fue cambiando al pasar de los años, a finales del siglo XIX, se aceptaba poco más la “supremacía” del Estado sobre la Iglesia en algunos sectores de la población. Esto fue en gran medida gracias a:

Que la legislación liberal, que desembocó en la guerra de Reforma (1858-1861), tenía como objetivo separar la religión de lo político, crear propietarios civiles y, sobre todo, ciudadanos más leales al Estado que a la Iglesia. Por ello, como nunca antes, el clero se alineó con la opción conservadora, y apoyó a Zuloaga y Miramón. En síntesis, considera la Reforma liberal de mediados de siglo como el momento de consolidación del Estado-nación en México, y de un Estado liberal. La Reforma es vista, así como el momento del enfrentamiento entre los poderes político y religioso (Rosas, 2011, p.1).

Con respecto a la Educación, la misma presenta una marcada influencia de la Colonia y su educación clerical, fue hasta que en 1833, cuando “el presidente Valentín Gómez Farias emprende con José María Luis Mora, las profundas reformas que, desde su punto de vista, requería nuestro país en el ámbito de lo educativo y la separación del Estado y la Iglesia” (Ramírez y Ledesma, 2016, p.174). Lo que da lugar al nacimiento de la Educación Pública y al Estado como proveedor y regulador de la misma; creando así en ese mismo año la Dirección General de Instrucción Pública. En periodos sucesivos, la laicidad de la educación se forjó entre las luchas de los conservadores y liberales, los cuales se enfrentaban a un México mayormente analfabeta.

Con referencia al tema de salud Rodríguez y Rodríguez (1998) mencionan:

La historia de la salud pública mexicana corre paralela a la historia del país dependiendo de las circunstancias políticas, económicas, sociales e incluso culturales… la efervescencia política y social acentuó las condiciones insalubres y no hubo cambios radicales. En ese periodo el gobierno manifestó gran interés por aumentar su poder en asuntos de salud. Hizo leyes sanitarias, bandos y entró en franca oposición con la iglesia respecto a la regulación de hospitales y cementerios. Las órdenes hospitalarias se suprimieron en 1820 y desde entonces los hospitales dependieron del ayuntamiento (p.1).

Pese a todos estos desafíos, en los primeros años del siglo XIX poco a poco se conforma una identidad civil nacional, gracias a la influencia del pensamiento filosófico moderno, sobre todo proveniente de Francia, y a los cambios operados en el proyecto de nación tras la derrota de 1947, contra el ejército estadounidense (Rosas, 2011). Sin duda estos cambios, también trajeron pérdidas, según Rodríguez, (2006): “a mediados del siglo XIX, la República Mexicana no sólo había perdido más de la mitad de su territorio, sino que sufría también de extrema inestabilidad política, de severa depresión económica y de conflictos tanto raciales como sociales “ (p.1).

El gobierno de Guadalupe Victoria entre los años de 1821-1850, adquirió deudas en el extranjero, especialmente en los años de 1824 y 1825, lo que dieron respaldo a su administración. Según Rodríguez, (2006):

Durante los siguientes veinte años, la República se rigió bajo tres constituciones, veinte gobiernos y más de cien gabinetes. Como las administraciones siguientes dieron prueba de su incapacidad para mantener el orden y proteger las vidas y la propiedad, el país se sumió en la anarquía. El miedo y la incertidumbre se hicieron frecuentes. Ex soldados se volvieron bandidos plagando los caminos, obstruyendo el comercio y atemorizando a los pueblos pequeños. Éstas y otras manifestaciones de disolución social contribuyeron a la inestabilidad de México. La situación empeoró cuando el conflicto político degeneró en una guerra civil en 1834. Grandes secciones del país fueron destrozadas cuando federalistas y centralistas, liberales y conservadores lucharon por el control político. Durante 1835-1845, los seccionistas establecieron las repúblicas de Yucatán, Texas y Río Grande, pero sólo Texas logró consolidar su independencia. Las otras regiones, sin embargo, mantuvieron su autonomía por la fuerza de las armas, aunque no la independencia del gobierno nacional (p.1)

Tanto la deuda pública, como la inestabilidad social, fueron carnada de países extranjeros, que veían la manera de poderse beneficiar de tan difícil situación. “La inestabilidad política del país hizo de México presa fácil para la agresión extranjera. La república enfrentó las invasiones de España, en 1829; Francia, en 1838, Estados Unidos, en 1847, e Inglaterra, España y Francia, en 1861 “(Rodríguez, 2006, p.1).

Hasta este punto resulta importante mencionar el comportamiento humano típico en esta época de los mexicanos, estaba  caracterizado por la incertidumbre.  En los años de 1850, muchos temían que su nación dejara de existir; debido en gran medida a la pérdida de su territorio y la cada vez más lejana regeneración nacional. Aunando a ello, opiniones de extranjeros: “que defendían la superioridad racial -entre ellos Karl Marx- al pensar que los enérgicos yankees podrían abatir y reemplazar a los “flojos” y “degenerados” mexicanos quienes eran incapaces de progresar” (Rodríguez, 2006, p.1)

Aunado a ello en estos años, los Estados Unidos y Europa Occidental tuvieron un rápido crecimiento poblacional y económico, mientras que México cada vez más se hundía en la miseria y desesperación. Sin duda la autopercepción de los mexicanos, que habían creído en que emergería un México, fuerte, poderoso y estable en los inicios de la Independencia cada vez más se diluía en las situaciones cotidianas del país. En este panorama Rodríguez (2006) menciona: “los mexicanos habían perdido la confianza en las instituciones de su país: o exportaban su capital o lo retiraban de circulación” (p.1)

Este lento derrumbe sobre todo de la economía mexicana trajo consigo que en la injerencia de capital y por lo tanto poder extrajeron, fueran las bases del desarrollo económico, según Rodríguez, (2006):

Después de 1876 los líderes del recientemente unificado México decidieron, por lo tanto, cambiar la independencia económica por ayuda externa para el desarrollo industrial y financiero. Aunque este paso condujo a una rápida modernización e industrialización, puso el control del desarrollo mexicano en manos extranjeras. La violenta Revolución de 1910 rechazó este convenio. Desde 1910, los gobiernos mexicanos han sopesado el deseo de poseer una soberanía económica nacional con la necesidad de capital y tecnología extranjeros. Sólo se puede especular cómo México se habría desarrollado sin la crisis del siglo XIX (p.1).

El México actual, nos recuerda en mucho al México del siglo XIX, sigue habiendo vacíos que atender que cada vez se hacen más evidentes. Confío en que como ciudadanos podamos poner de nuestra parte para que nuestro país progrese. Si bien es cierto, ya no estamos en el proceso de consolidación como nación, considero que si estamos en el proceso de madurez, la cual se presenta como un bien necesario sobre todo en los aspectos que generan inestabilidad nacional.

 

 

REFERENCIAS

Ramírez, R, y Ledesma, I. (2016) La educación publica en México en el siglo XIX. La ley de instrucción Pública durante el segundo imperio. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.

Rodríguez, J. (2006) La crisis de México en el siglo XIX. Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México. Universidad Nacional Autónoma de México.

Rodríguez, A. y Rodríguez, M. (1998) Historia de la Salud Pública en México: Siglos XIX y XX. DOI:  https://doi.org/10.1590/S0104-59701998000200002

Rosas, S (2011) Marta Eugenia García Ugarte, Poder político y religioso. México, siglo XIX, 2 t. Estudios de historia moderna y contemporánea de México. Reseñas Bibliográficas.  Recuperado de: www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26202011000100008

Sánchez, A. y Murillo, A. (2021) Enfoques metodológicos en la investigación histórica: cuantitativa, cualitativa y comparativa Debates por la Historia. Universidad Autónoma de Chihuahua. 9 (2). Pp. 147-181.

Weiner, R. (2004) El declive económico de México en el siglo XIX:  una perspectiva cultural. Signos Históricos. Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa Distrito Federal, México. 12. pp:69-93.

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