El Auto de Fe de Maní: representa uno de los episodios más despiadados, con una pérdida que abarca tanto lo humano como lo cultural. Juan Cortés Ancón, un investigador especializado en temas culturales, lo presenta de manera impactante. El 12 de junio de 1562, hombres y mujeres, incluidos españoles que habían llegado desde la capital de la provincia y, especialmente, frailes, participaban en esta ceremonia que consideraban un acto de fe. Era una forma de castigar a los considerados malvados, un rito de purificación destinado a condenar a aquellos herejes idólatras que disentían de la doctrina católica, donde se erigieron como verdugos y, con ello, propiciaron un ambiente de discordia y muerte entre la población.
El líder de este movimiento fue Diego de Landa, quien se desempeñaba como jefe provincial de la orden franciscana en Yucatán, Guatemala. Ante la ausencia de un obispo, asumió el derecho de actuar como un juez y verdugo, un inquisidor sin temor a aplicar medidas drásticas. Contó con el respaldo del alcalde mayor, quien también formó parte del grupo que juzgó a los acusados.
El convento se considera uno de los edificios más significativos para los religiosos en la península. En el interior de sus muros existe un cuarto que atraía la curiosidad; la capilla de indios era un recinto compuesto por caldasos, una plataforma de condena y herramientas de tortura.
En un contexto cultural donde numerosos hombres y mujeres de origen maya interactuaban con españoles provenientes de la capital provincial, Maní se destacaba como un enclave crucial. Como centro del poder de los caciques y aliado esencial en el proceso de conquista de los conquistadores, Maní también fungía como un importante lugar para la educación religiosa. Esta educación tuvo un impacto notable en los jóvenes y niños mayas, quienes rápidamente adoptaban la fe católica. Semanas atrás, los pequeños informados habían encontrado una cueva que contenía huesos humanos, un venado y ofrendas; donde la sangre brotaba, simbolizando un sacrificio reciente. Posteriormente, el fraile Pedro, encargado del convento, confirmó el hallazgo y notificó a sus superiores. Así comenzó una intensa actividad religiosa que derivó en miles de interrogatorios, empleando métodos brutales para obtener confesiones.
La finalidad de estos métodos era quebrantar el espíritu de los sometidos, utilizando torturas inhumanas, como colgarlos de sus extremidades y arrojar piedras candentes sobre su piel. Las crueldades a las que se sometía a los resistentes eran inimaginables, logrando que incluso los más valientes finalmente se rindieran. Una de las torturas más espantosas consistía en abrir las bocas para verter líquidos dentro de ellas y luego pisotear sus estómagos hinchados. Al final de estos sufrimientos, muchos inocentes prefirieron declararse culpables de adorar a otros dioses antes que enfrentar castigos tan severos. Otros optaron por la muerte, eligiendo quitarse la vida, mientras que algunos se graduaron sin un hogar, aunque se dice que tal vez su destino también culminó en el suicidio.
Con el tiempo, se fueron acumulando representaciones de dioses mayas, además de códices elaborados con piel de venado, utensilios, platos y otros artículos de la ancestral religión. Sin embargo, poco después, los huesos del sagrado sitio y lo escondido en él se sumaron a un montón de objetos confiscados.
La sentencia ya había sido dictada un día antes y ahora solo quedaba llevar a cabo la ejecución. Los tormentos infligidos a los acusados incluían de 100 a 200 azotes, rapados de cabello y la imposición de humillantes vestiduras amarillas, conocidas como sambenitos. Estas ropas tenían la finalidad de marcar a los condenados. Todos los caciques, al final, fueron despojados de su dignidad y condenados junto con la mayoría de los involucrados a desempeñar trabajos forzados sin descanso, siendo reducidos a simples esclavos en los conventos.
Las estatuas de piedra, el barro e incluso los códices que contenían los relatos del pasado fueron consumidos por las llamas. Este fuego finalmente arrasó gran parte de la historia. Los pueblos indígenas no solo padecieron un golpe físico, sino también uno moral. Pronto las represalias empezaron a afectar a otras comunidades, encendiendo la chispa de una revuelta de un poder inigualable, aún más grave de lo que estaba por llegar, proveniente no de las fuerzas militares o de organismos gubernamentales, sino de los religiosos. Sin embargo, también surgieron quejas entre los españoles, tal como relatan los documentos antiguos de la época. Al mes siguiente, otro predicador llegó, el primer obispo Francisco de Toral, quien absolvió a los acusados y restauró el orden. A diferencia del verdugo anterior, él fue quien detuvo esta masacre y promovió un enfoque más pacífico y amable para la evangelización. Como sucede con todos los verdugos, su tiempo llegó y Landa tuvo que dejar su puesto y regresar a España a justificar sus malas acciones. Años después, el alcalde fue descubierto y enfrentó un juicio severo por su mal rendimiento en el cargo.
Con el paso de los años, Landa volvió como obispo, intentó reparar el daño que había infligido y trabajar en la reconstrucción de lo que él mismo destruyó, sintiendo pesar por sus actos. Escribió un documento que no fue publicado hasta casi tres siglos más tarde.
Este acontecimiento resulta ser cruel y sádico, no solo ocasionando pérdidas de vidas humanas, sino también de riquezas culturales. Causó muertes sin sentido, todo por una purga disfrazada de evangelismo, una masacre que no solo llevó a mutilaciones, sino que también sembró el terror y el miedo en el corazón de los mayas por considerar su conocimiento como herejía. En consecuencia, ahora no tenemos acceso a información valiosa sobre las tradiciones, prácticas y conocimientos que los antiguos mayas nos ofrecieron.
Un daño adicional, que trajo consigo consecuencias severas más allá de la pérdida cultural y humana, fue el impacto psicológico. Esto ocurrió no solo por los hechos mismos, sino también porque muchos de esos eventos sucedieron bajo una ley relacionada con la iglesia. Este contexto no solamente afectó la cultura, sino que también afectó la mentalidad de quienes vivieron estas experiencias traumáticas. No solamente se inyectó dolor en el corazón de las personas, sino que además fueron prácticamente forzadas a aceptar creencias en las que no tenían fe. Se les obligó a lidiar con una vida que habían rechazado durante años y tuvieron que aceptar esa imposición. Se les despojó de la facultad de reflexionar y de ejercer su derecho al voto; se les negó su voz.
Holatulum. (2022, April 30). El Auto de fe de Mani. Una pérdida humana y cultural. Hola Tulum. https://www.holatulum.com/el-auto-de-fe-de-mani-una-perdida-humana-y-cultural/
Filósofo, J. G. (2014, January 11). Los peligros de tratar de imponer nuestras ideas. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/01/140107_peligros_creencias_finde_lp
