Categoría: Filosofía

Por: CARLOS ANTONIO SANCHEZ BAUTISTA / Fecha: diciembre 1, 2025

Análisis del conocimiento nocional en Berkeley: el espíritu se conoce por su actividad, no por ideas o conceptos representacionales.

La presente nota pretende ofrecer una explanación a un artículo de similar nombre cuyo autor es Alberto Luis López, investigador en filosofía y paisano mexicano que, al tenor de este espacio, mi persona trata de ubicar de suerte favorablemente desde otro lado su trabajo.

Dicho artículo, como bien sugeriría su título, ofrece una exposición acerca de esta clase de conocimiento en Berkeley. “El conocimiento nocional, es necesario decir, fue planteado por el irlandés para acceder epistémicamente a cuatro elementos de su filosofía, a saber, nuestra propia mente (o espíritu), las otras mentes, Dios y las relaciones.” (López, p. 138). Mas en todo caso, se atiende el artículo a la parte de cómo es que se conoce el espíritu, evidentemente, a partir de sí, cuando no tanto de comprender bajo concepto definitivo ese mismo. Y por ello se propone que es un acceso temático epistémico y no de otra índole (así no ontológico, por defecto). El autor de suyo se aboca también a otra especificidad conforme a su trabajo, cual es que el enfoque estará dirigido al estudio del espíritu propio y el de los otros, esto es, no al espíritu de Dios ni las relaciones de ellos en general.

Con todo lo anterior, conviene, claro está, seguir la misma ruta que traza López en su estudio, o sea, remitir a una consideración de las ideas y, por supuesto, su apelativo en cuanto productor, el espíritu (mediante ser), el cual naturalmente se disgregará de acuerdo al Yo y al Otro (es decir, autoreconocimiento y reconocimiento).  

Ahora bien, para Berkeley, el “conocimiento humano puede reducirse naturalmente a dos clases, de las ideas y de los espíritus” (Principles, II, §86). Véase debido a que el conocimiento más propio o, mejor dicho, representacional, es el de las ideas; porque son las que están cargadas de contenido mediato o trabajado por la mente según su naturaleza pasiva, a saber, dispuesta al espíritu y su percepción de ser. Aquí luego cabe hacer una merecida notación: que el espíritu es cosa activa; a través de los mismos actos que ejerce esencialmente, se desenvuelve, claro, acorde a sus atributos, tales como el querer, imaginar, etc. De modo que el espíritu es la cosa que le presta relevancia ontológica a las ideas justamente según uno es activo y las otras pasivas; en otras palabras, el espíritu es quien de manera activa sostiene ontológicamente a las ideas, sin más, esse est percipi

Ahora bien, “a través de la percepción se conoce, por eso se puede afirmar que las cosas existen cuando son percibidas o conocidas, lo que implica que percibir es equiparable a conocer” (López, p. 141). Tal que supone puntualizar la inherente dinámica del conocer, pues, en efecto, no se conoce si no se es espíritu, empezando porque antes tampoco se percibiría bajo su sentido estricto. Recuérdese aquello que algunos fenomenólogos siempre señalan, queriendo desprestigiar la modernidad por medio de la indisoluble relación sujeto-objeto; de suerte que Descartes y de suyo Berkeley también consideraban, al igual que ellos, que el espíritu siempre está intencionado, véase, dirigido a un objeto cual es pensado. En este sentido, acorde manifestar de una vez debidamente lo que es el espíritu, esto es, no como mera cosa o ente, en cambio como sustancia o sustrato; se entiende así correctamente debido a que nada más se sostiene si no es por ventura del espíritu, y el espíritu se obtiene en sí, o sea que está en su naturaleza ser tanto sustancial como activo; al uso, la caracterización de la sustancia es naturalmente activa; después, algo no es sustancia si no es activo o se propulsa por sí de acuerdo a su propia actividad, cual es, en todo caso, percibir en general. “El propio Berkeley enriqueció su definición de mente al decir que se trata de «un ser simple, indivisible, activo: en tanto que percibe ideas se le denomina entendimiento y en tanto que las produce u opera sobre ellas se denomina voluntad»” (López citando a Berkeley, p. 143). 

De suyo, ahora sí entrando de lleno en el conocimiento nocional, habíase dicho que es la forma de conocer al espíritu, mas no se había anotado el porqué de esta otra manera, es decir, del porqué no usar sencillamente el conocimiento al caso común o según conceptos/ideas. Simple, debido a la naturaleza del espíritu como ser activo, ya que, si un concepto o idea es pasiva, al asumirse el espíritu en ello, incurriría en un equívoco a la hora de conocerse; entonces al espíritu le es imposible representarse a la mente. 

Al joven Berkeley (el de los Comentarios) le vino luego en necesidad proponer una genuina forma de conocer al espíritu, manera que, en este sentido, no debía ser racional en cuanto adecuada y lingüísticamente hablando (el uso del lenguaje puede ser más o menos adecuado o inadecuado de cara a su ámbito), de suerte que es posible, según el autor, conocer cosas aun prescindiendo de palabras para ello: “sabemos muchas cosas que no podemos expresar por falta de palabras” (Comentarios, 223). Véase que para Berkeley —si cabe el apunte— los límites del mundo no son los límites del lenguaje como en el primer Wittgenstein. La mente, sin embargo, no es del todo inefable. En todo caso, el espíritu implicaría por su naturaleza primeramente un acercamiento intuicional, a saber, una referencia empírica significante fuera del lenguaje acorde, sea ineludible en esa dirección. Este entablar figura a su vez de facto la respectividad que existe hacia Dios de acuerdo a la intuición, aunque bien Dios pueda ser demostrable en Berkeley de forma racional lingüística; de suyo que la certeza es relativa al modo de su conjuración, o sea intuitiva o racional, mas todo ello con resolución en lo externo a la conciencia. 

A todo esto, la trampa del lenguaje siempre está tendida y Berkeley lo sabía; el tema está en, diríase, saber usar el lenguaje. La intuición siempre es externa, esto es, que es prelingüística aunque fáctica. No obstante, el conocimiento nocional busca ser algo más que una intuición o prefiguración; por tanto, es ciertamente lingüístico, pero adecuada o modularmente lingüístico. Berkeley habla de: “Tengo en mí mismo no ya una idea inactiva, sino una especie de imagen pensante activa” (Dialogues, II, p. 232). Vuélvase a lo mismo, la necesidad de abrir el espíritu según la mente sin acudir a la representación ideal, puesto que el espíritu es irrepresentable mediante conceptos. “Berkeley afirma en los Principios que «en un sentido amplio podemos decir que tenemos una idea o más bien una noción de espíritu, esto es, entendemos el significado de la palabra, pues de otra manera no podríamos afirmar o negar nada de ella»” (Lopéz citando a Berkeley, p. 147). Y ciertamente, ocurre significancia fuera del lenguaje, nadie cuestiona esto (el tema es justificarlo); a su vez, hay comprensividad fuera del lenguaje. 

La indicación de conocimiento del espíritu, en efecto (y más allá de la apercepción del pensar), se da a partir de sus efectos; véase la actividad reflexionante que es rastreable hasta la actividad pura de esa misma virtud irrevocable y manifiesta; esto es evidente; el cuestionamiento se hallaría frente al Otro. Porque el acceso nocional es diferente; según es imposible captar la necesidad del Yo-Otro en el Otro, o sea, esa su respectividad consciente en cuanto Uno. El conocimiento de los otros sigue siendo nocional en tanto son otros espíritus; empero, es racional debido a su realización definitiva. Los espíritus ajenos al propio pensar claramente tienen sus propios efectos, es decir, sus propias incidencias a su derivación ontológica conforme a la propiedad del yo; y dichos efectos no son sino pasividades o accidentes de esas sustancias, en fin, ideas mantenidas bajo la percepción. De suerte que, hacia el uso de las ideas, estas se presentan narrativamente, o lo que es lo mismo, bajo una logicidad instrumentada en origen del espíritu de la intención correspondiente; ello sugiere que la alusión al otro como propio en sí se da a través del discurrir racional de sus ideas en la mente del yo aperceptivo.

“El acto de hablar, como prueba para demostrar la existencia de otras mentes y el acceso nocional a las mismas, se plantea en el cuarto diálogo del Alcifrón; allí se lee: «Nada me convencerá más de la existencia de otra persona que su acto de hablarme. El escucharte hablar es, en estricta y filosófica verdad, la mejor prueba para mí de tu existencia»” (López citando a Berkeley, p. 150). Fenomenológicamente hablando, de suyo es rastreable la originariedad del sentido captado en tanto sentido, puesto que el sentido es pura creación del espíritu, ya no solo para sí, sino también para el otro, acorde a una actitud, diríase, de apercepción retrospectiva y mutua. En efecto, el acto de comunicarse, según el acto de llevar un significado desde lo interno hasta lo externo, implica una interpelación definitiva de la contraparte dialogante, esto es, un acto de interpretación del mensaje, tal que ese mensaje evidencia una notoriedad subyacente en su intención, debido a que es de por sí connotativamente activa; o sea que desprende su ser a la comunicación.

Al uso, y para finalizar, Berkeley se adelanta a cualquier objeción argumentable que apunte al hecho de la inteligencia artificial u otra forma de aparente inteligencia lingüística. López, por su parte, asiste a dicha contra-refutación con el ejemplo de “los autómatas creados por Vaucançon en la Francia del siglo XVIII” (p. 151). Mi persona se limitará a intentar hacer señalar por qué una inteligencia artificial no podría pasar, siguiendo a Berkeley, la prueba de ser espíritu. En general, ello es a partir de que la inteligencia artificial no es una sustancia, es decir, no es un principio activo; en cambio, es un ser subordinado a la determinación circunstancial; véase, debido a que el rastro de su ser es inauténtico a la luz de su lenguaje, en tanto su forma de expresión no guarda connotación intencional desbordada (de cualquier tipo), característica de una mente activa y creativa, sino pura claridad y distinción racional vacía. De suyo es inútil pretender una remisión a la conciencia artificial; por un lado, según eso ni siquiera es realizable en espíritus comunes y, por otro lado, no existen efectos de ese origen que apenas sugieran autodeterminación, así tener ganas de indagar. 

  • López, Alberto Luis. “Berkeley: sobre el conocimiento nocional de la mente.” Contrastes. Revista Internacional de Filosofía, vol. XXII, no. 1, 2017, pp. 137-154.
  • Berkeley, George. The Works of George Berkeley, Bishop of Cloyne. 9 vols., Nelson & Sons Ltd., 1948–1957.
  • Berkeley, George. Comentarios Filosóficos: Introducción manuscrita a los Principios del conocimiento humano. Correspondencia con Johnson. Instituto de Investigaciones Filosóficas, UNAM, 1989.